jueves, 30 de agosto de 2007

Limones a Gamba

A mí siempre me gustaron las marchas y esas cosas. Participé en todas las que me invitaron incluso aquella memorable, en que fuimos a reclamar a la embajada de Estados Unidos por un periodista muerto en ese país, al que fuimos 12 personas.
Sí, ¡doce personas! y fue tan ridícula la situación -porque habíamos avisado a la prensa que íbamos e incluso pedimos los permisos municipales y un gran contingente de carabineros nos esperaba- que incluso “el equipo de fuerzas especiales” se reía de estos doce pelagatos que con dos carteles, optaron por irse desde la plaza Baquedano en metro, porque en verdad, era inútil que tratáramos de detener una pista de la Alameda.
En realidad el momento peak de esa jornada fue cuando los propios guardias de la embajada, un tanto enternecidos por nuestros gritos que se perdían en la calle, nos “soplaron” que tomáramos piedras y las golpeáramos contra una reja de contención que nos habían puesto –sí, para nosotros doce- con tal de hacer algo de ruido. Obviamente que a la hora, cansados de tanto golpear y cuando “el” diario que llegó se negó a tomarnos ni siquiera una foto, desistimos.

Pero también fui a otras mejores, más preparadas y con mejor convocatoria, como las famosas marchas de los pingüinos por el pase escolar, donde descubrí que soy bien cobarde porque apenas vi asomar al temido “guanaco” corrí todo lo que me dieron las piernas y cuando volví a ver, me encontraba sola en Avenida Matta! (y estábamos en Alameda, para que vean cómo corro con susto).
Y para la protesta contra la Apec en Chile me embalé, participé en el foro social chileno e incluso ayudé en la organización del evento. En esa época yo todavía pensé que iba a ejercer algún día de periodista, así que con cámara de fotos en una mano y la grabadora en la otra, recorrí varias cuadras en una protesta que partió muy cultural y entretenida.

Claro que igual llegaron los vándalos de siempre y nos echaron todo el plan por el suelo, y esa vez conocí el significado de los limones en las marchas. De hecho recuerdo que con unos amigos quedamos encerrados, entre los carabineros que llegaron tirando bombas lacrimógenas y una reja de contención, angustiados con los ojos cosidos cuando a un amigo le llega un limón. En la cabeza. Mi primera reacción fue una carcajada e insistir en sacarle una foto al chichón –que obvio no me dejó- y ahí me explicó que era para comerlo. Mi cara de duda delató mi poco conocimiento del tema le expliqué que yo siempre arrancaba en ese momento- y apenas metió la mitad de un limón en mi boca volví a respirar.
Grande fue mi sorpresa al ver que los vecinos de Parque Bustamante nos lanzaban limones que nosotros tratábamos de alcanzar y repartir entre todos. Yo me quedé parada al medio viendo la tamaña solidaridad mientras pensaba que eso era casi como la Teletón de los Protestantes y sacando fotos como loca, hasta que alguien me agarró de un ala y me llevó corriendo porque ya habían comenzado a caer las primeras molotov. Y corriendo llegué a Pedro de Valdivia, así como Forest, Ja!

Y me acordé de todo esto cuando ayer, a eso de las 9 de la mañana, comenzaron las primeras “marchas” por Paseo Ahumada de numerosos manifestantes. No sé de qué grupo eran, pero se escuchaban cosas como “Libertad! Libertad! Qué chucha es esa wea!” –muy educativos- que yo estaba coreando feliz, desde el 7º piso, a ver si sentían mi apoyo.
Claro que a eso del medio día comenzaron las bombas lacrimógenas, y yo métale sacando fotos con mi celular asomada a la ventana, así que me llegó reto porque la oficina estaba pasada a gas picante. La cosa es que tuve que bajar después a comprar café y abajo si que no se podía andar. No alcancé a caminar un par de cuadras cuando parecía Mr. Magoo tropezando con todo, porque no podía abrir los ojos siquiera.
Y de repente lo vi, como una alucinación, más bien un oasis, en medio de Paseo Ahumada, un chico con limones bajo el brazo. Yo emocionada partí a su encuentro, recordando la solidaridad de antaño, y le estiro mi brazo media ciega aún, cuando escucho un “a gamba los limones, reina” y yo cuac!
“Cómo que a gamba!”- le recriminé, “Si poh, reina, no ve que con la helada subieron todos los precios!”…

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