Mostrando entradas con la etiqueta Sexy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sexy. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de septiembre de 2007

Tía, me da una Monea`?

En virtud de mi actual trabajo, donde tengo que ir casi todos los días a diferentes tribunales, tuve que adaptarme a “la moda” que se lleva.
Por ejemplo para ir a la Corte de Apelaciones. Si vas con jeans y polera, poco les falta para llevarte a la pared para manosearte -perdón, registrarte- y preguntarán tu nombre, estado civil, profesión u oficio, vicios varios, seguro médico y otros, mientras además te interrogan sobre tus más oscuras intenciones, como para qué viene y porqué insiste en venir a la Corte -así como si fuera el medio paseo y no tuvieras nada mejor que hacer-.
Pero si vas en traje de dos piezas y con una carpeta en las manos, poco les falta a los guardias para hacerte reverencias, ni te revisan la cartera y puros “buenos días señorita, cómo le ha ido…”. ¡O sea, máxima gentileza!… de hecho si alguien quiere hacer algo mafioso allá dentro, paso el dato: tiene que ir con corbata.

Ha sido tanto el cambio que cuando un amigo vino a invitarme a almorzar, quedó plop cuando me vio “de oficina”. Pero de todos modos me dijo que me veía sexy –por eso le quiero-, porque por mucho que uno tenga que vestirse así como con ganas de echarse años encima, me niego a entrar al sistema de trajes del tipo “ando de gris y parezco un edificio”. O sea, perfil sexy como dice él, para cuando sea fiscal y salga en la tele, Jaja.
El problema es que desde esta época también, los escolares que pululan por el centro ya no se me acercan como a una contemporánea a pedirme plata, para entretenerse en sus mañanas de cimarra.
¡No! Me dicen: “Me da una monea’ TÍA?”

Y yo el primer día llegué con ataque surtido a la oficina, obligando a mi jefe a que me mirara con ojo crítico y me dijera qué edad me echaría si me viera caminando. Obvio que papi es viejo sabio, así que contestó bien la pregunta y se ganó un abrazo, pero yo igual quedé atónita.
Después fui a interrogar a don Sergio y le dije: “ya, a ver, ¿qué edad cree que tengo?” y él, que no por nada es mi ascensorista favorito del edificio, contestó que yo aparentaba 5 años menos de los que tengo! –Obvio, se ganó otro abrazo-

Así que porque no tengo edad para ser tía y mucho menos lo parezco, he establecido un nuevo principio en mi vida: Yo soy súper generosa –le doy hasta a los que hacen colectas truchas incluso- pero decidí que no le voy a dar ni un peso al gil que me diga tía en la calle.
¡Qué se han creído estos pendex!

*.