jueves, 14 de febrero de 2008

Yo Odio a San Valentín

Porque el 2004 tenía un loco amor de verano y todo demasiado bien hasta que al guachón se le ocurrió volver a su país. El día 13. Y tuvimos una despedida como de película con esas promesas tontas como que él se venía a vivir acá y yo a vacacionar allá. Nunca más supe de él.

El 2005 llevaba saliendo como 2 meses con un guachón para esta fecha. Pero yo jugaba a la indiferente y él se lo tomó muy a pecho. Demasiado. Ni ahí con San Valentín, ni un mensaje tierno me llegó siquiera.
Y me junté con mis amigas a pelar a los guachones. Que San Valentín a las pailas, si igual soy feliz. Lo patee a la semana.

Año 2006 tenía guachón-pololo y yo saltaba en una pata. Casi no dormí la noche anterior porque estaba esperando mis globos con forma de corazón inflados con helio en la puerta de mi casa. Y flores apenas amaneciera, con un mensaje enfermo de romántico.
¿Y?
¡Nada!
¡Guachón fome y anti romántico! Se acordó el día anterior y partió apurado a comprarme un peluche. Uno más, ya ni me acuerdo cuál fue ése.
Macabro. Con pololo, pero poco galante tampoco vale. Me empezó a caer mal San Valentín.

Año 2007, con el mismo guachón. Yo ya le había dicho que se había portado enfermo de siniestro conmigo el 14 pasado. Que merecía recompensa. Que jugara si quería llegar al repechaje, que yo me merecía un San Valentín como la gente, como el que muestran en las películas.
Nada.
Si con la gente que es fome desde la cuna, nada que hacerle. Como yo estaba en la playa llegó el fin de semana con: ¡un peluche!. En esa época empecé a odiar a San Valentín. Y de pasadita, al señor Village también.

Año 2008. Soltera todo el rato, pero mina.
Chao con los pololos si no se esmeran, al final es igual que los años en que tenía guachón, con la diferencia en que no tengo que gastar yo en regalos que sí valen la pena. O sea, ahorro al máximo.
Y me voy a tomar con un grupo de guachominas, todas demasiado regias, simpáticas y prendidas. Toda la noche. Y pelaremos a todos los guachones. Y le sacaremos la lengua a todas las parejas. Así, toda una celebración contra el 14.
Yo odio de frentón a San Valentín.

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