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martes, 23 de diciembre de 2008

Mitos del Hombre (parte I)

En virtud de una muy buena junta femenina de este finde, donde los tequilas frambuesa fueron los reyes de la noche (¡Y no Celia Punk - Vidal! ¡Por dios si es tan feo ese hombre!), salió el infaltable tema de los guachominos -especie en extinción según el último recuento de las 3 regias de la noche- y de sus propios mitos, esos que ellos han creado, pero extrañamente no cumplen…

“El hombre cuando puede, la mujer cuando quiere”
Eso del “cuando puede” no significa que sea “siempre” que le den la pasada, sino que:


1. Puede cuando no están dando un partido de fútbol en la tele
-¿amor, te importaría que viera el penal? sólo el penal y seguimos-

2. Puede cuando su equipo favorito no disputará una final importante durante la semana entrante
–es que estos conchetu… me tienen estresado, no me puedo concentrar en nada-

3. Puede si no está muy tomado
–nod sed lo que me pasad pedo no seee para!-

4. Puede si ha tenido una semana descansada
–como si una se las tirara no más...-

5. Puede si no está estresado por el trabajo
–porque si come pensando en pega, duerme pensando en pega, es lógico que tire pensando en la pega también-

6. Puede si ha tenido vacaciones en el último año
–qué desconsiderada yo, pidiendo tamaños esfuerzos-

7. Puede si uno no se lo han exigido en las 24 horas anteriores
-“¿y tú no te cansai’ nunca?”- (¡esa fue notable! jaja)

8. Puede si no quedó con traumas por culpa de la ex
–que es como estar 3 en una cama, demasiado incómodo a menos que uno se haya propuesto un ménage à trois-

9. Puede si las estrellas y los planetas se han configurado en el cuadrante perfecto
-y a nuestro favor, claro-.

10.
Por último, puede si anda con ganas.


En cambio, las mujeres queremos:
SIEMPRE que nos den algo bueno a cambio

(Nota de Isolda: Cualquier similitud con la realidad, me niego a creer que es coincidencia)

*.


jueves, 14 de febrero de 2008

Yo Odio a San Valentín

Porque el 2004 tenía un loco amor de verano y todo demasiado bien hasta que al guachón se le ocurrió volver a su país. El día 13. Y tuvimos una despedida como de película con esas promesas tontas como que él se venía a vivir acá y yo a vacacionar allá. Nunca más supe de él.

El 2005 llevaba saliendo como 2 meses con un guachón para esta fecha. Pero yo jugaba a la indiferente y él se lo tomó muy a pecho. Demasiado. Ni ahí con San Valentín, ni un mensaje tierno me llegó siquiera.
Y me junté con mis amigas a pelar a los guachones. Que San Valentín a las pailas, si igual soy feliz. Lo patee a la semana.

Año 2006 tenía guachón-pololo y yo saltaba en una pata. Casi no dormí la noche anterior porque estaba esperando mis globos con forma de corazón inflados con helio en la puerta de mi casa. Y flores apenas amaneciera, con un mensaje enfermo de romántico.
¿Y?
¡Nada!
¡Guachón fome y anti romántico! Se acordó el día anterior y partió apurado a comprarme un peluche. Uno más, ya ni me acuerdo cuál fue ése.
Macabro. Con pololo, pero poco galante tampoco vale. Me empezó a caer mal San Valentín.

Año 2007, con el mismo guachón. Yo ya le había dicho que se había portado enfermo de siniestro conmigo el 14 pasado. Que merecía recompensa. Que jugara si quería llegar al repechaje, que yo me merecía un San Valentín como la gente, como el que muestran en las películas.
Nada.
Si con la gente que es fome desde la cuna, nada que hacerle. Como yo estaba en la playa llegó el fin de semana con: ¡un peluche!. En esa época empecé a odiar a San Valentín. Y de pasadita, al señor Village también.

Año 2008. Soltera todo el rato, pero mina.
Chao con los pololos si no se esmeran, al final es igual que los años en que tenía guachón, con la diferencia en que no tengo que gastar yo en regalos que sí valen la pena. O sea, ahorro al máximo.
Y me voy a tomar con un grupo de guachominas, todas demasiado regias, simpáticas y prendidas. Toda la noche. Y pelaremos a todos los guachones. Y le sacaremos la lengua a todas las parejas. Así, toda una celebración contra el 14.
Yo odio de frentón a San Valentín.

*.

martes, 29 de enero de 2008

Estamos Rodeadas, Vieja

Debo haber repetido esa frase, mínimo, diez veces el sábado por la noche. Guachomino al que le echaba el ojo era gay.
Al principio pensé que era prejuicio mío, porque en verdad a los hombres les cuesta vestirse bien y yo los veía a todos con tenidas dignas de la tienda Zara. Pero no: ¡Eran todos gays!

Para colmo, no contentos con privarme de una noche como la gente, pasaban al lado mío pisoteando mi ego, sin mirarme siquiera, mientras le hacían ojitos a otro guachón que estaba junto a mí en la barra. Que también era muy mino, pero ya le había pedido fuego y me encendió el cigarro con la misma coquetería que lo haría un hermano.
Y le hacía ojitos al barman. Gay.

“Estamos rodeadas, vieja”, le decía a mi guachi-amiga con cara de funeral, mientras ella tentada de la risa, me decía que para qué me iba a deprimir si ellos eran los que se perdían las medias minas, mientras yo me conformaba mirándome, porque es cierto y aunque viene de cerca la recomendación, nos veíamos demasiado minas.

Pero igual me quería enterrar.
Le dije que me iba a quedar en la casa encerrada hasta que se terminara esta moda, porque ni siquiera podía jugar “a lo Spiniak” si incluso los pendex andan con esa bisexualidad a flor de piel. Que mira todo lo que me demoré arreglándome, ¡sólo para que un gay me preguntara dónde había comprado mi linda polera!

Tenía un inmenso mohín en la cara y al final opté por lo sano.
Acepté bailar con un gay que, pese a ser cero target guachón y además tener cero posibilidades, bailaba demasiado bien.

Y lo perdí cuando tocaron Madonna, porque se fue corriendo al escenario y de ahí no pude bajarlo más.

*.

domingo, 20 de enero de 2008

En Búsqueda del Don

Cuando era niña era seca jugando tenis. O sea, papá que es seco y fanático, se puso chocho al ver que su primogénita había heredado el don. Y yo, después de haber probados otros deportes, también pensé: “¡Esto es lo mío!” así que partía más embalada que nadie, incluso los fines de semanas, ahí, en medio de la cancha soñando con el Wimbledon. Bueno, no sé si tanto, pero igual quería participar en torneos y cosas así.

Lo malo es que la gracia me duró como un año solamente, porque justo ahí quedé ciega. Pero the real ciega, así como la Esmeralda en esa teleserie cebolla que daban hace años en RedTV, donde se lo llora todo por el protagonista que está enamorado de la hermana y de ella no, porque es ciega, pero recupera la visión en el último capítulo y se casan igual.

El tema es que yo me “hice un Esmeralda” y estaba ciega, o sea, no veía nada como a un metro de distancia, entonces dejé de darle a la pelota. Papá se agarraba los pocos pelos que tenía, histérico, pensando en que su niña había perdido el don y se cansaba de darme instrucciones, cuando al final el tema era que yo sólo veía una mancha amarilla. Y en esas condiciones, era más sano esquivarla para evitar un moretón en la cara que lograr responderla al otro lado de la red.
Y después el oculista, muy poco práctico, me recomendó unos potos de botella, que obvio que no me servían ni para el estilo ni para correr muy rápido. Después los lentes de contacto que se endurecían con el polvo y así, puros problemas. Al final, “tiré la raqueta” como dicen los profesionales y nunca volví al temita.

Todo esto es motivo de chiste en mi casa, porque cada vez que papá va a jugar tenis yo le recuerdo que tenía el don, que si no hubiera sufrido “un Esmeralda” hoy sería súper famosa, viajando con una raqueta al hombro y sería la novia de Fernando González, porque claro, no hay ninguna chilena que le haga el peso y por eso pololea con la argentina, pero después de verlo en el comercial de Hass, te apuesto que hubiera sido yo la nueva novia de Chile.
En fin… El otro día papá me pilló volando bajo y me dijo que, como ahora estaba operadita de mis lindos ojitos y tenía vista 20/20, debería volver a jugar. Y a mí me picó el bichito.

Mamá me dijo que era por González, pero yo le respondí que no, es por el don.
Porque asumiendo que yo sufro de miles de síndromes –como del cantante incomprendido, el de Zamorano, el de la Guachomina Intimidante, el del Antílope y otros- es demasiado importante tener dones. Así como para compensar yo creo. Y hay que ser muy bestia para tenerlos y después perderlos. Y yo puedo ser muchas cosas, pero no bestia.

Lo único malo de todo esto es que papá tiene un muy mal concepto de los deportes. Porque es como los “hermanos dolor”, o sea, si no hay sufrimiento, no hay ejercicio. Yo le digo que está mal enfocado, si igual la gracia es disfrutar del paleteo, pero él no. Si jugamos tenis tiene que ser a la hora en que las palomas caen asadas, tipo 14.00 horas, al menos jugar una hora sin descanso y sin agua.

Y aquí estoy ahora, preparándome mentalmente para un partido de tenis con el papá. Estoy nerviosona, lo admito, además como que me fijé que no tenía ninguna tenida para hacer ejercicio y él me dice que es porque soy demasiado floja. Yo le digo que soy seca, lo que pasa es que mis actividades que queman calorías no aparecen en los juegos Olímpicos. Papá me mira feo porque es súper mal pensado y yo le digo que por bailar tampoco te dan medallas. Cien puntos para mí. Se ríe y me dice que en la cancha veremos mi estado físico. Y yo, si a algo le tengo poca fe, es a mi estado físico.

*.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

El Viejito vale Hongo, pero Yo me Creo Gurú

Porque por más que le hice la pata al Viejito Pascuero en mi carta, no pasó nada.
Y cuando yo esperaba encontrarme con un guachón con el cuerpo de Chayanne, vestido sólo con papel celofán y esperándome bajo del árbol navideño: NADA.
El viejito es una súper estafa.

Pero además de eso me creo Gurú. Qué mentalista de Chimbarongo, ni Ayún ni nada: Con el catálogo de los “casos clínicos” di con la verdad de la milanesa.
Fui a almorzar el “de patio” número 2 y sólo acepté porque me encanta que me inviten, no porque sea malvada. Sólo puedo decir que mi análisis no pudo estar más acertado: Si yo fuera su polola me pego un tiro. O me lanzo al Mapocho, pero abrazando un armario de 2 cuerpos. Algo bien drástico de todos modos.

Y a mí, como que cada día me gusta más estar soltera…

Pero como me siento The Real Gurú – ¡tiembla Bomba!- y para reivindicar a los guachones porque no Les odio, también escribiré algunas de las cosas que me gustan de ellos:

1. Cuando se dejan la barba de dos días
¿Hay máquinas que dejen la barba así siempre? Es que no me gusta ni el estilo Osama ni los “potito de guagua”. Esa barba como crecida es demasiado sexy y hace cosquillas al besarlos. 10 puntos al tiro.
2. Guachón Peludo
Pero nunca monos, que todavía tengo pesadillas con una teleserie donde se veía a Bastián Bodenhofer saliendo de la piscina: ¡con un koala pegado en la espalda! Guacala, ahí yo aplicaría cera de una, pero en un nivel decente se ven demasiado varoniles.
3. Pelo corto
Afrontémoslo, a los chicos les queda el pelo corto no más. Al único guachón al que le queda bien el pelo largo es a Camiroaga, pero es que ése no tiene arreglo: Es tan pero tan mino, que se viste de huaso y yo igual me casaría con él: así de mino.
4. “Saliendo de la Ducha”
Yo debo ser muy turbia, pero cada vez que veo a un guachón con el pelo mojado me paso la mejor de las teleseries. O sea, yo “Le amé” a Chayanne cuando hizo un video clip con lluvia, debe estar por ahí el tema. Lo encuentro demasiado sexy. 50 puntos.
5. Voz de Hombre
Porque hay pocas cosas más mata-pasiones que los con “voz de pito”. Una vez salí con un guachón que abría la boca y me dejaba sorda. Y no me acuerdo de nada de lo que hablamos porque yo sólo pensaba dónde estaba el botón “mute”. Macabro. Pero los con voz varonil son sexys y provocan hasta que te canten una canción al oído.

*.

¡Feliz Navidad para Todos los que pasan por aquí!

Y si al igual que a mí, no les llegó el regalo que le pidieron a la “estafa con patas” del viejito pascuero, podemos ir juntos a protestar. E ir a secuestrarle a Rudolph el próximo año.

Pd: Igual recibí un regalo “personal” muy bello para navidad. ¡Besos exclusivos para ti!

*.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Casos Clínicos

Un amigo me preguntó cómo iba mi búsqueda del guachón ideal. Le dije que pésimo, porque me ha tocado conocer a cada tipo “de patio”, que estoy pensando seriamente en irme a un cerro a meditar y ser como Buda.
¿No me cree todavía? Mire con qué tipo de guachones nos encontramos las pobres guachominas a diario:

1. El "la imagen es todo”: Cuando nos conocimos llegó con la parada de “soy galante, sin rollos y bohemio”. Características que son lo mínimo que uno espera de un chico de treinta y tantos, con trabajo y viviendo solo.
¿El problema? Que de las tres características sólo la última era verdadera. Lo de galante se le quitó después de… ¿la segunda cita? En las siguientes el sujeto era “irreconocible”.
Análisis: Debería denunciarlo al Sernac por publicidad engañosa.

2. El Barsa o “mientras no me pillen”: Porque tiene polola y al principio lo negó para salir conmigo. Según él, sólo omitió la información. Porque después de la parada de carros que le hice me pidió disculpas y que siguiéramos tan amigos como antes.
¿El problema? Que me avisa que se viene a trabajar cerca de mí para que nos juntemos…
Análisis: Si yo fuera su polola, me pego un tiro.

3. El Bipolar o Personalidad Múltiple: Porque un día le encanto y al otro no existo. Los días pares quiere juntarse conmigo y en los impares se le olvida que quería. Porque arma los tremendos panoramas -cual de todos mejor que el anterior- y me embarca con la galantería de antaño.
¿El problema? Que no realiza ninguno, porque el día que toca el panorama: Anda de maletas ¡porque es bipolar!
Análisis: Si me gano el Kino, le regalo una terapia completa con un psiquiatra.

4. El Pastel o “no le gano a nadie”: Porque le gustas pero no se lanza. Porque manda mensajes con el amigo y seguramente una terminará saliendo con el amigo antes que con él. Y cuando se acerca, en vez de ser galante, tira la caballería encima porque se le ocurrió que así resulta.
¿El problema? A todas nos gustan los chicos que se crean el cuento, pero no queremos a uno que nos diga “yo podría mejorar tu pobre existencia”.
Análisis: Terminante: es un caso perdido.

5. El Pegado: Con el que saliste hace casi 4 años pero se resiste a que lo olvides. El que te habla para exigirte que le cuentes que ha sido de tu vida sin él y si le dices que estás súper bien, se siente ofendido, pero aún así quiere salir contigo otra vez. Al que le dices que nunca funcionó porque él es demasiado fome y poco interesante, se ofende de nuevo y te vuelve a invitar.
¿El problema? ¡No hay forma de sacárselo de encima!
Análisis: Le buscaría otra chica, pero me daría pena que ella pasara por lo mismo.

6. El Acosador: No puedes pasar sin que te pegue “la escaneada”. Porque aunque estás vestida, te mira como si tuviera frente a sí un catálogo de ropa interior. Y una se siente dentro de ese catálogo casi modelando.
¿El problema? Recibí a uno la semana pasada en la oficina porque es el próximo arrendador, y yo me muero si me toca trabajar con él.
Análisis: Loco ¡hazte ver! Capaz que no me gane el Kino todavía y lo tuyo ¡es grave!

7. El “te llevo a bailar pero nunca al altar”: El típico guachón galán, al que no puedes decirle que no y que más encima es tan, pero tan entretenido, que casi te preguntas si no serás tú muy fome. Pero nunca quiere ponerle nombre a la relación, siempre le da un ataque fulminante de colon cuando lo invitas a tu casa y cuando lo llamas a la suya, a la “suegra” ni siquiera le suena tu nombre.
¿El problema? Que nunca será nada en serio… y lo sabes; más encima te morirás de envidia cuando sepas que a otra sí le pidió pololeo.
Análisis: Hay que copiarle la técnica: pasarla bien y después “bye guachomino”.

8. El Mamón: Porque está peludo hace rato, pero le sigue preguntando a la mamá si se puede quedar a dormir afuera. El que te lleva a su casa, no para presentarte a la familia, sino que para que la suegra se ponga el disfraz del FBI, te pregunte sobre todas tus intenciones con el “querubín” y de pasadita, haga comentarios como “no te puedes vestir así si sales con mi hijo”.
¿El problema? Jamás te pedirá pololeo hasta que su “santa madre” se lo permita.
Análisis: Otro caso perdido, “el que duerme con niños…”

* Si usted es guachomina y ve a uno de éstos, aléjese corriendo tanto como le den las piernas. Y si tiene otra categoría a la que, suertudamente, aún no he conocido: ¡Dígamela!
* Si usted es un guachón que se siente identificado en cualquiera de estas categorías, aléjese por favor, si sé que tengo un imán para esto… ¡pero ya es mucho!

*.

lunes, 29 de octubre de 2007

Fanática de las Citas a Ciegas

Ok, nunca tan lanzada a la vida, usualmente pido fotos y uno que otro dato, con el fin de que si pasa algo malo, tener al menos una dirección donde ir a demandar al loco de patio que me pudo haber tocado, lo que menos mal nunca ha pasado.

No sé a cuántas he ido, pero son varias. Para la cuenta, de todas ellas saqué un pololeo, al menos unas cuatro relaciones y otras tantas que quedaron hasta para una segunda cita. Ah sí, también hubo un par en que apliqué “un Cote” –bloqueo de msn por jugoso- y otras tantas en que fui más directa y dije: “qué entretenido… pero no, con ésta estamos más que bien”.

De las más graciosas quedará en la historia un hippie –me engañó con eso porque no me gustan los hippies- que muy tierno me llevó un poema a la cita. Y era lindo el poema, pero lo llevó en una hoja de cuaderno con todos los flecos… ¡Mínimo cortarlos! Con él no salí más.
También hubo un vivaracho que cuando me pasó a buscar me llevó a un mirador. Y después dicen que los hombres no son caras de raja. Apenas le pegué el grito del año me llevó a mi casa de vuelta. Esa vez tampoco hubo segunda.
O el espécimen mitad intelectual mitad punky -nefasta mezcla- que me presentó el novio de una amiga. El chico me llevó la contraria toda la noche, me discutió todo lo que dije al borde del insulto y cuando se iba, me pidió el teléfono! El que di porque soy una señorita, pero con una pequeña modificación en los últimos 4 dígitos.

Según un amigo, mi juego de las citas a ciegas es una tómbola peligrosa y siempre me saca a colación el tema de este español que mató a la chilena allá lanzándola departamento abajo. Ok, primero yo no soy víctima de trata de blancas; segundo, yo tengo buen gusto y el español era bien penca; por último, nunca pero nunca tan lanzada como para salir del país a concertar una citas.
Bah! Si todavía le tengo fe al guachomino nacional.

De hecho he pensado que si no me gano nunca el Loto como vengo sospechando hace dos años- pienso que me haría millonaria si creara una agencia especial para citas a ciegas. Certificadas y sin demoras. Qué fotos, puros video de presentación.
Y estaría obligada a salir con todos los candidatos, sólo porque seré una regia presidenta de la institución que ofrecerá productos testeados para mis guachi-amigas.

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jueves, 25 de octubre de 2007

Del Hombre Ideal (Y sus Profesiones)

Cuando era niña me quería casar con un doctor. Pediatra en lo posible. A esa edad quería tener 10 hijos también –no conocía de las estrías y esas cosas, ahora ya me espanté- y como mi sueño frustrado es haber sido pediatra, me dije: “Tate, ésta es la mía, me caso con uno y las consultas de mis 10 cabros chicos salen gratis”.
Pero después empecé a conocer a los doctores y no me gustaron tanto. De hecho un tío lejano que es doctor se lució en una once familiar contando su teoría de porqué los doctores siempre engañaban a sus esposas con las enfermeras, pasando por declaraciones de alto calibre del tipo las “múltiples y alucinantes noches de turno”, “dormir como 5 en una camilla” y “delantales ultra delgados y sin ropa abajo”.
Ok, muy morboso y yo no sirvo para cornuda en potencia, pensé, mientras veía a la pobre tía desatornillarse pegándole debajo de la mesa con un claro afán de que se callara.

Fue así como mi rango de médicos para el perfil del marido ideal comenzó a restringirse. Con esos datos descarté a todos los que hacen turnos y son cirujanos; de pasadita también a los ginecólogos, porque eso de que anden viendo tanta cosa no me provoca ninguna gracia y para colmo, son como la típica fantasía califa de la dueña de casa, así que no. Quedaban los que tienen consultas privadas del tipo oftalmólogo, que ahora no me sirve porque ya me operé mis lindos ojos, y ni hablar del dentista que el ruidito de la máquina esa me pone los pelos de punta.

Con el paso del tiempo empecé a centrar mi target en los ingenieros. ¿Por qué? Porque ya había tenido demasiada experiencia con los del área humanista y se me ocurrió que quería alguien cuadrado para que ordenara mi desordenada vida. Después de un historiador, un fotógrafo, periodistas varios e incluso un cuasi escritor, decidí que yo era más que suficiente para darle el toque lúdico a la relación. Dos era simplemente escandaloso.

Pero me aburrieron. Sobre todo el ingeniero informático que se creía digno de Fantasilandia al mostrarme la súper página que había levantado él solito, o que intentaba enseñarme – ¡a mí y a estas alturas de mi vida!- porqué el código html tenía que ser tan ordenado y guardarse en sub-carpetas cifradas (¿?).

Antes también me dio con los artistas y ése sí que es cuento aparte. Además de irse en voladas –literalmente-, descubrí que uno era proclive a meterse a una secta (todavía lo sigo buscando en la comunidad de Pirque) y el otro que es un actor, me superó al poco tiempo con sus aires de metro sexual que conocía más cremas para el rostro que yo. Ni hablar de cuando le dieron un papel –papelito- en la teleserie “Alguien te mira”. Por más que le repliqué que apurado lo vi decir tres frases completa en la famosa teleserie, él ya se creía de Hollywood. Y con uno que se crea la raja en la relación basta y sobra.

Por eso, cuando comencé a estudiar derecho, todos mis amigos me dijeron que ahora debía centrar en mi target en los abogados. Juez por último, les contesté, mira que todos los abogados que he conocido o están con el delirio de la justicia perfecta, o ya se corrompieron en el sistema.

Así que decidí que ya no me preocuparé más de las profesiones. Sólo quiero uno que se comporte como mi admirador secreto personal y exclusivo.
Con qué se gane la vida me importa un nabo, porque descubrí que tengo pésimo ojo para clasificarlos así.

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viernes, 19 de octubre de 2007

Me Deberían Dar un Premio

Estación Universidad de Chile. 19:00 hrs.

Ayer, como no me había pasado antes, estaba lleno el metro camino hacia Escuela Militar, dirección a la que tomo TranSantiago para ir a la Universidad en la noche.
Yo que antes amaba el metro, tuve que dejar pasar tres trenes antes de poder subirme, preocupada por la hora. Y cuando lo logré, quedé atrapada entre puros caballeros con todo el temor de no salir virgen -¡JA!-. Aún cuando uno de mis pasatiempos favoritos es escuchar conversaciones ajenas y me tengo que morder la lengua para no opinar, me aburrí como ostra ayer porque todos comentaban que nunca el metro iba tan lleno, con caras dignas de si Chile hubiese perdido ante Perú y ni hablar del olorcito.

Y ahí le vi. A mi derecha. A unos tres metros de mí y en definitiva, como a 25 personas de distancia.
¡El tremendo guachomino!: 1,90, guapo, bien vestido y el único a quien no le vi sudor en la frente.
Apliqué contacto visual de inmediato. Coqueteo casual. Cambio de luces, sonrisas varias y me bajé.

La Michelle me debería dar un premio, el gobierno en general creo yo:
Debo ser la única santiaguina que se da el lujo de coquetear en el metro a la hora peak.

Pd: Tú, chico de la chaqueta negra, de 1,90, sonrisa perfecta y galante: ¡¡Me hiciste la tarde!!

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jueves, 18 de octubre de 2007

Wena Cote!

(Para los mal pensados no, no me pillaron en ésas ni menos me grabaron)

En los últimos días me han gritado tres veces “Wena Naty” en la calle. Además de no llamarme Natalia, tampoco andaba en actitudes dudosas como para crear el parecido.
¿Cuándo el “Wena Naty” se transformó en el piropo califa del chileno promedio?
Pero promedio hablo, porque ni siquiera es el piropo del maestro de la construcción, que sigue pegado con el “mi yeina, soy casado pero a esa la dejo mañana”.

Iba camino a la universidad cuando veo dos chicos caminando frente a mí. Al ojo les eché 5 años menos que yo, que si bien no raya en la pedofilia, igual es perversión porque sería como salir con mi primo chico. Seguía mi trayecto cuando uno de los chicos se me acerca y me susurra al oído “Wena Naty!".
¿Ahora así le dicen a las chicas paseando en mini?

Esto del episodio de la Naty pegó fuerte parece. Yo que me enteré como una semana después de la noticia del año y tras haber preguntado a 20 contactos de msn porqué todos conocían a una Naty y qué le gritaban tanto. A mí que me da pena la chica, porque en mi época los amigos te cantaban “llévala al motel”, pero a ninguno se le ocurría grabarte. Yo que casi me abandericé y despotriqué por el accionar machista –sin haber sido nunca feminista- porque la culpa fue del gil que la subió a youtube, a mi parecer.

Al día siguiente a la salida de la universidad tres pailones –esos si tenían mi edad- me gritan lo mismo cuando paso. Me di vuelta atacada y les dije “¡Pero si no me llamo Naty!”. Como suele suceder con los guachominos que gritan cosas en la calle y uno los enfrenta, se les cayó la cara y se dieron media vuelta avergonzados.
No entiendo nada. Según mi hermana con la foto de la corona igual me parezco a la del video, pero está claro que dejé el jumper hace rato!.

Ya la tercera vez dejó de darme gracia el asunto. Caminando entre ambas sedes de la universidad un grupo de chicos desde un auto, me tocan la bocina y me gritan “Wena Naty!”.
Y ahí se quedé plop.
Por último, me podrían gritar “Wena Cote!”, ¿no?

*.

martes, 16 de octubre de 2007

¿Patas Negras o Cornuda?

Hablaba con mi guachi-amiga Tania sobre el tema de ser patas negras. Ella como anda full love, es capaz de sacarle los ojos a la “yegua” que le mire al novio y ni loca lo engañaría –yo la apoyo, se viene un súper matrimonio ahí-, mientras que por mi parte, era totalmente distinta la película.
Se supone que cornuda nunca he sido, aunque últimamente le he perdido la fe al género de guachomino fiel, así que no meto las manos al fuego por nadie. Pero sí me ha tocado ser patas negras.

El tema de ser patas negras es accidental. Digo por parte de una claro, de parte del guachomino califa la cosa no tiene nada de accidente. El otro día le pregunté a mis amigos si no tenía un letrero de neón en mi frente que dijera “patas negras aquí” y yo no me había fijado. Me dijeron que no, que tenía otra cosa a la vista… (Pero no es del caso comentar aquí esas conversaciones con mucho vodka de por medio)

En fin… Decía que era accidental porque a veces –no defenderé a todas las de mi género, sólo a mí- una no sabe que está siendo la patas negras. He pecado harto de confiada, porque como yo no ando haciendo cosas turbias en mi vida, nunca pienso que el otro sí las hace. En una ocasión debí incluso pedir disculpas a la chica damnificada de la situación y aunque casi se me cayó la cara, no dejé de afirmar que yo no tenía cómo saber si el guachomino la negaba todo el día! Pero la chica era tonta, prefirió echarle la culpa a la inocente y no al tonto caliente.

La última que me pasó fue en esas recaídas irracionales con el típico ex que siempre vuelve a buscarte. Ese que incluso fue a verte a la casa cuando tú ya estabas con otro y trató de hacerse el lindo. El mismo que después, al enterarse que volviste al mercado de los solteros, te vuelve a invitar a salir.
Fuimos al cine y lo pasamos bien. ¿Recordar viejos tiempos? Ni tanto, esos deben quedarse en el baúl de los recuerdo no más. El tema es que al par de días me entero que el tipo está pololeando, situación que no sólo me oculta… ¡sino que se hace el gil más encima cuando lo encaro! Afortunadamente con este chico nunca ha habido otras intenciones, pero esto ya raya con la maldad.

Soy de la idea de que si no te gusta con quien estás, termina y vuelve a la vida de la soltería –mi favorita en este tiempo- pero eso de andar poniendo los cuernos, además de mala persona, es de cobarde. ¡Mire que faltarle cojones para decir la verdad, pero no para tirarse a otra!
Por eso mismo y por todas las experiencias que me han tocado en este sentido –ni pregunten cuántas son y así me evitan ir al psicólogo-, es que desconfío ahora de que existan guachominos fieles. Según mi amiga, hay guachominos y hay fieles, pero no los dos juntos.

Al final ella, casi para subirme el ánimo me dice: “Pero Cote, lejos es mejor ser Patas Negras que Cornuda…”
Y si lo miramos así, tiene razón. Digo, hasta que esté del otro lado.

*.

lunes, 8 de octubre de 2007

Quiero un Admirador Secreto

Para que me vigile mientras no lo veo. Quiero que trate de adivinar mi contraseña de correo sólo para saber si salgo con alguien. Que me deje flores en la puerta de mi oficina con una nota misteriosa. Y que esa nota más encima sea romántica.

Quiero que se consiga mi número de celular y me deje mensajes. O podría dejarme pedazos de canción sin hablar nunca. Y que se cree un correo sólo para escribirme sin que lo descubra.

Quiero un admirador secreto porque quiero salir y sentirme observada. Quiero que sea muy mino, pero tímido. Y que le pregunte al ascensorista si salí a almorzar o no. O porqué he faltado tanto, si me tomé vacaciones o estoy enferma.

Quiero que sepa mi horario de entrada y de salida. Y que me saque fotos sin que me dé cuenta. Quiero que averigüe el día de mi cumpleaños. (Es el dos de marzo) Y que me deje un regalo en la puerta ese día.

Después de eso, voy a querer que todos sepan que tengo un admirador secreto. Y un admirador secreto súper guachomino!

(Jajaja, parece que quiero un psicópata también… Pero no me importa, esto se va fijo a la carta del viejito pascuero de este año)

*.

martes, 7 de agosto de 2007

Pendientes 2007

Estas son las cosas que tengo que hacer sí o sí, antes que se acabe el año (menos mal me queda un semestre)

  1. Tengo que sacarme buenas notas también este semestre, porque aunque me encante esto de contar intimidades por la web, este humilde blog no me dará de comer en los próximos años.
  2. Necesito que me inviten a una fiesta de Halloween demasiado top, pero de verdad que sea una hiper mega producción, para tener la excusa perfecta para perder un día completo pensando de qué chuchis me voy a disfrazar.
  3. Debería encontrar la forma en que finalmente me haré famosa!
  4. Tengo que hacer una limpieza “a fondo” de mis ochorrocientos contactos de msn, porque me di cuenta de que los pasteles están all inclusive.
  5. Debo comprar muy pronto mis pasajes a Mendoza para la semana del 18 (cero patriotismo, nica lo paso en Chile) para ver a mi amiga Fer… y ver qué me tiene deparado el destino al otro lado de la cordillera con los guachominos argentinos, porque ésos nunca me han defraudado!
  6. Tengo que pedir libre el día 24 de octubre para ir al recital de Soda Stereo y estar toda la tarde en el Nacional, porque después de comprar las entradas con 4 meses de anticipación, sería el colmo que quedara lejos más encima!
  7. Tengo que ver a varios de mis amigos, que los tengo ultra abandonados por problemas de tiempo (de mi tiempo, si sé…)
  8. Necesito hacerme el tiempo también para ver todas las obras de teatro que tengo apuntadas en mi agenda, antes de que las dejen de dar.
  9. Tendría que ganarme un premio de la lotería, porque pucha que juego todas las semanas y porque cuando me gane el guatón voy a ser tan feliz!
  10. Debo hacerme amiga de al menos una persona VIP, para poder colarme a todos los mega eventos santiaguinos.
  11. Tengo que encontrar la manera de que una –mínimo- de mis brillantes ideas se realicen en el metro de Santiago. Hoy llamo.
  12. Debo convencer al guachomino X de que haga lo que yo quiero!
  13. Tengo que buscar un curso ameno para hacer, algo así como para mi tiempo libre pero también de crecimiento personal (ajajaja, bueno, de baile también podría ser)
  14. Debería alisarme permanentemente el pelo, porque me di cuenta que gasto mil minutos en eso a la semana (y mi mamá se dio cuenta que gasto mil watts a la semana por lo mismo)
  15. Si un “amigo” me trae la cartera que me prometió de Baires, tendré que practicar el Baile del Koala que me exigió a cambio, para no quedar tetrapléjica en el camino.
  16. Tendría que practicar seriamente las canciones que pienso cantar en el karaoke (porque de este año no pasa que no me inviten a uno, eh?)
  17. Debería regularizar mi estado en materia contractual para por fin emitir boletas como la gente y poder así optar, algún día, a un crédito bancario decente.
  18. Debería pensar seriamente en cambiar un poco el tema de mi blog, porque últimamente todos los guachominos temen salir publicados, Ajajaja.
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jueves, 26 de julio de 2007

Plan I

Lejos, pero lejos – lejos, lo que más me gusta de trabajar en el centro es la cantidad de gente que ves. Invento mil excusas todos los días para salir de la oficina, aunque sea a comprar cigarros a media cuadra. Incluso, todos me miran raro cuando ven que antes de salir paso a echarme una “manito de gato” al baño. Y es que uno nunca sabe si justo te encuentras con el medio guachomino abajo, a la salida del ascensor.
Ahora fui a hacer unos trámites y además de ser gusto de maestro de construcción, también supe que soy blanco de los oficinistas. En cierto que antes los miraba bien a huevo, pero debo decir que hay varios guachominos dando vueltas. Además que con mi nueva carrera debo vestirme harto más formal de lo que hacía antes, así que creo que yo también me veo ejecutiva, pero sexy, siempre sexy, como dice un amigo.
En la temporada otoño-invierno impacté con mi nuevo estilo, toda una pelo lais y con gorros, en perfecta combinación con mi ropa. En verdad, me veo muy top y si me paseo por la calle Londres, que tiene unos edificios como rococós pero bien mantenidos y alguien me sacara una foto en blanco y negro, estaría pintada para un comercial.
Además, decidí que está de moda el color rojo furioso en los labios y estoy segura de que provoco efecto de torero… ajajaja.
Debo admitir que lo único que me baja el pelo es que cuando camino por el centro, voy conectada a mi celular escuchando radio. En realidad eso no es lo malo, lo que me baja el pelo es que escucho puro reggeaton. He renegado harto del ritmo pero ya sucumbí a sus encantos y bajé varios mp3 de los chicos con cadenas doradas. Lo bueno de eso es que me río mucho de las canciones, así que voy riéndome por la vida, lo que no se ve mucho en Santiago. Eso es un plus.
Ayer salí del metro y caminé a mi oficina, que está a dos cuadras, y en el camino 4 hombres me coquetearon! Uno de frentón me gritó rica, lo que agradecí mucho, pero sólo internamente. Me tupí. Otro sólo me sonrió, todo coco-roco y por último dos amigos –los únicos sub-20 que me consideraron su target- me guiñaron el ojo.
Y yo, que no soy tímida, igual me quedé cortada.
Entonces, mientras subía a mi oficina me puse a pensar, ¿por qué uno no podría sucumbir al coqueteo callejero?
Si han visto tantas películas como yo, deben saber que ahí también pueden comenzar nuevas relaciones. De hecho en una serie vi como una chica tomaba café en una plaza, un chico a su lado le conversa sobre algo, le pasa el periódico y cuento corto, el teléfono y a la cama.
Bueno, tampoco tan fugaz, pero sí daría el teléfono.
En todo caso, yo creo que el típico machote –a veces guapo- que te piropea en la calle, si te das vuelta a decirle algo igual de osado, también se cortaría.
Y pensé en hacer la prueba desde hoy.
De hecho pensé en ser bien osada y cuando un guachomino –pero muy mino- me dijera algo coqueto, darme vuelta y darle un agarrón.
Bueno, por temor a demanda, creo que empezaré mi plan sólo devolviendo el piropo. Por ahora.

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