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miércoles, 29 de agosto de 2007

Me voy a Sindicalizar

Uno de los ramos que me toca este semestre es derecho laboral y yo estoy feliz.
Me encanta eso de que te enseñen tus derechos como trabajador, las formas de sindicalizarse y porqué la huelga es legal y el paro no lo es -mi dato cultural del día, ja!-
El ramo partió bien fome -porque en realidad la profe es bien ídem-, pero se superó cuando utilizó una frase de oro que nos pidió que la subrayáramos, porque era así como la clave del ramo: “El poder colectivo tiene más fuerza que el poder individual”. Y en esa simple frase resumía una idea muy clara: si quieres reales cambios y más beneficios para los empleados, viva la sindicalización y la negociación colectiva, porque dos cabezas piensan más que una y obvio, dos en huelga son mejor que uno y así…

Yo llegué chocha con la idea a la oficina al día siguiente, pensando en los cambios que quería para mi vida laboral e imaginando el pliego de peticiones que le haría a mi jefe-papá, desde regular mejor los horarios -porque entre nos, trabajar con papi no te garantiza salir a la hora- hasta ideas para decorar la oficina. Y de pasadita aprovecharía de pedir una tele en mi oficina también, ¡porque él tiene y yo no! ¡Súper injusto!

Y ahí como que me acordé que yo trabajo sola con mi jefe…
O sea, la fuerza colectiva se me había ido a las pailas en un segundo, así que me puse de cabeza a buscar aliados. Don Sergio (mi ascensorista favorito) es tan pero tan tranquilo, que me dio sueño cuando iba a contarle. Ni hablar del administrador del edificio que debe tener mínimo 70 años, entonces, la revolución ya corrió por sus venas hace rato. Y don Juanito es súper chacotero, demasiado en verdad, así que cero posibilidad de hacer presión con él.
Me quedó la oficina. Miré al calentador de agua y me miró feo, porque desde la última vez que lo estrellé en el piso funciona a medias y hace un ruido horrible, que yo siento como castigo hacia mi persona. Ni hablar del refrigerador que lo tengo más vacío que estante en guerra. En realidad no tenía a nadie… ni a nada!

Así que en virtud de mi extrema soledad me traje hoy un peluche, el Minino, y lo puse estratégicamente sobre mi escritorio como vigilando la puerta. Mi papá, con olfato digno de jefe anti-sindicalista, me preguntó de inmediato qué hacía ahí. “Bah! Lo traje para acompañarme!”, le dije y se fue murmurando de la oficina.
Así que mientras mi jefe se acostumbra a que ya no estaremos solos en la oficina y que habrá más personajes que lucharán conmigo por nuestros derechos, tengo al Sr. Conejo guardado en el cajón.
Por ahora.

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jueves, 16 de agosto de 2007

Mi Papá es Súper Héroe

Trabajo en pleno centro de Santiago, ahí donde las plazas fueron pistas de hielo por este invierno-polar y donde en verano uno tiene que andar sorteando las palomas asadas que caen al asfalto caliente. Ahí mismo, “donde las papas queman” según mi papá, quien chocho ve cómo prolifera todo el negocio ambulante. Porque si han pasado por aquí a las 2 de la tarde saben que apenas se puede caminar, se mueren lo que es a las 9 de la noche, donde por más agilidad que le pongo a mi camino al metro siempre “piso” más de un “local de cuneta”, ganando los garabatos más estrambóticos que he escuchado.
En fin… A mi me encanta trabajar aquí en pleno Paseo Ahumada, porque a cada rato te encuentras con conocidos y siempre hay mucho movimiento; de hecho, lo único malo es la delincuencia. Yo no sé si veo mucha tele o qué, pero cada vez que salgo miro de reojo para ver si presiento un pato malo detrás de mí y agarro mi cartera a dos manos –porque si me agarran el poto filo, ése se queda ahí, pero mi billetera no!-, todo esto porque siempre dicen que mi cuadra y las siguientes son las más peligrosas, con los más altos índices de “asaltos por sorpresa” (el nombre gil: “Sorpresa! Te robé!” Ajajaja… dato rosa)

A lo que iba es que hace un tiempo, mi papá-jefe llegó tiritón y al borde del soponcio a la oficina. Y yo con ataque surtido, preparando cafecito con doble de azúcar para que al pobre le volviera el color a la cara y el alma al cuerpo, pero nada. Medio sofocado trataba de hablarme sin resultados y yo, que la paciencia es un don que me fue negado desde la cuna, angustiada le dije: “ya poh! me aburro!” y ahí por fin me contó:

Resulta que venía de vuelta de los tribunales cuando justo delante de él, cuasi película de acción, ve un pobre viejito indefenso con cara de espanto porque un “antisocial” le había sacado el sueldo de su bolsillo a la salida del banco (yo también con cara de horror). Un caballero bueno trató de tomarlo del cuello pero se le soltó y el malo de la película empezó a correr, así, de sopetón frente a mi progenitor.
“Y no sé Cote, no lo pensé, lo vi corriendo hacía mí y a lo único que atiné fue a levantar mi pierna y pegarle una patada ahí en las costillas” (eso fue muy chistoso porque me imitó el movimiento y casi me dejó nock out) Y yo con cara de película de terror escuchando todo, pensando porqué no vendían cabritas cerca de la oficina porque ya me sentía en el cine (me distraigo demasiado fácil).
La cosa es que con el golpe digno de tortuga ninja mi súper papá dejó medio lelo al maldito pero aún seguía dando la pelea, cuál Duro de Matar, y ahí entre los dos héroes de la tarde lo inmovilizaron, mientras golpes iban y golpes venían (yo ahí ya me había sentado a escucharlo porque papi por primera vez en su vida era histriónico). Finalmente lo dejaron apretado contra un negocio y la gente se empezó a acercar y todos le gritaban cosas feas al delincuente (malo! feo! (si oh!)) pero nadie hacía nada en realidad, mientras papi estaba aterrorizado porque la dueña del negocio le pasó un palo para que le pegara al mafioso (ajajaja) y mi súper héroe conciliador le decía "no es para tanto señora, si ya lo tenemos".

Lo más chistoso de todo –y es el final feliz de la historia- es que el viejito recuperó su dinero, le pegó un par de combos al maldito casi para desquitarse no más y emprendió la retirada, negándose a dejar la constancia! Después del medio show!
Todo esto porque afortunadamente llegaron mas o menos rápido “carabineros al lugar de los hechos” y se llevaron al delincuente, que según mi papá era “jabonoso” (no he podido quitarle de la cabeza que sería muy raro que los delincuentes se bañen en crema antes de salir a asaltar…) y mi súper héroe personal se fue raudo del lugar porque nadie le sacaba la idea de que debían haber más amigos del pato malo al lado y todos echándole el ojo.
Después de eso mi súper papá anduvo con el colon en la mano toda la semana, me obligaba poco menos que a caminar de espaldas para que le vigilara la retaguardia por si nos encontráramos con el “antisocial” que venía a desquitarse. Para más remate, trataron de entrar a nuestra oficina esa misma semana! así que tuve que pagar el doble para que nos arreglaran flash las chapas y todavía, cada vez que tocan el timbre después de las 7 de la tarde, tirito.
Y es que parece que ninguno de los dos somos tan valientes como para luchar contra la delincuencia capitalina, pero yo estoy tranquila porque tengo mi súper héroe personal =)

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