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miércoles, 5 de marzo de 2008

Porque la Cote NO Debe Jugar Tenis

[Esta historia ya había comenzado ACÁ]
Puedo decir que viene muy de cerca la recomendación, pero me veía regia en mi tenida deportiva de blanco. Yo me miraba en el espejo del camarín mientras pensaba que ojalá me descubrieran hoy, porque después de la quemada de pancora del otro día, ahora tengo un bronceado fascinante. Y así miles de galanteos conmigo misma cuando escucho a mi couch gritar para que me apure.

14.01: “Papá, hace harto calor, eh?”. Pero papá está en trance, sólo ve en su mente un marcador donde me aplasta en 3 set. Me obliga a precalentar.

14.05: Le digo que ya es mucho precalentamiento, si hacen 45º en la arcilla. Le pregunto si puedo tomar agua y me dice que no.

14.10: Primeros paleteos. Sonrío con satisfacción y me felicito a mí misma, parece que tengo el don aún. Papá se entusiasma y me tira dos que me hacen correr a la red. Pienso que debería rebajar mi dosis de cigarro diaria.

14.15: Prometo dejar de fumar. Tengo el pulmón en la mano, papá corre como quinceañero y yo lo único que intento recordar es el número de la Help.

14.20: Le admito a papá que “quiero puro morirme”. Me dice que es la curva del esfuerzo y me da toda una explicación científica sobre el deporte que no comprendo. Mis neuronas está mentalizadas en mantenerme de pie. Pienso que mi estado físico es deprimente.

14.22: Papá me dice que mi estado físico es deprimente. Yo le discuto que no porque bailo toda la noche y así con todas mis actividades lúdicas y nunca me muero, si es que el tenis a esta hora es macabro. Se ríe y me tira una larga. Yo hago como que corro, pero a la mitad le grito “larga”. Él me responde “floja”.

14.30: Tengo ganas de llamar a mamá para que demandemos a papá por violencia intrafamiliar. Esto es de thriller, pienso que muero en cualquier momento producto de un paro fulminante.

14.35: Me consuelo pensando en que no tuve hijos, pero dejé un conejo; no planté un árbol, pero maté 4 plantas de la oficina; no escribí un libro, pero tengo un blog.

14.36: Me reto a mi misma por pensar tanta tontera y le echo la culpa al calor.

14.45: Miro la cancha del lado y dos seniors corren de lado a lado. Los envidio y les deseo la muerte. No tanto, pero quería verlos rodar y quedar rojos. De mis short blancos ni pistas...

14.55: Termina el partido. Papá chocho me cuenta –como si yo no hubiera estado ahí- que me dio una paliza en la cancha y ni recuerdo cuántos puntos le debo.

Me pregunta cuándo vuelvo a jugar con él y a mí, como que me dejó de gustar González hace rato.

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domingo, 20 de enero de 2008

En Búsqueda del Don

Cuando era niña era seca jugando tenis. O sea, papá que es seco y fanático, se puso chocho al ver que su primogénita había heredado el don. Y yo, después de haber probados otros deportes, también pensé: “¡Esto es lo mío!” así que partía más embalada que nadie, incluso los fines de semanas, ahí, en medio de la cancha soñando con el Wimbledon. Bueno, no sé si tanto, pero igual quería participar en torneos y cosas así.

Lo malo es que la gracia me duró como un año solamente, porque justo ahí quedé ciega. Pero the real ciega, así como la Esmeralda en esa teleserie cebolla que daban hace años en RedTV, donde se lo llora todo por el protagonista que está enamorado de la hermana y de ella no, porque es ciega, pero recupera la visión en el último capítulo y se casan igual.

El tema es que yo me “hice un Esmeralda” y estaba ciega, o sea, no veía nada como a un metro de distancia, entonces dejé de darle a la pelota. Papá se agarraba los pocos pelos que tenía, histérico, pensando en que su niña había perdido el don y se cansaba de darme instrucciones, cuando al final el tema era que yo sólo veía una mancha amarilla. Y en esas condiciones, era más sano esquivarla para evitar un moretón en la cara que lograr responderla al otro lado de la red.
Y después el oculista, muy poco práctico, me recomendó unos potos de botella, que obvio que no me servían ni para el estilo ni para correr muy rápido. Después los lentes de contacto que se endurecían con el polvo y así, puros problemas. Al final, “tiré la raqueta” como dicen los profesionales y nunca volví al temita.

Todo esto es motivo de chiste en mi casa, porque cada vez que papá va a jugar tenis yo le recuerdo que tenía el don, que si no hubiera sufrido “un Esmeralda” hoy sería súper famosa, viajando con una raqueta al hombro y sería la novia de Fernando González, porque claro, no hay ninguna chilena que le haga el peso y por eso pololea con la argentina, pero después de verlo en el comercial de Hass, te apuesto que hubiera sido yo la nueva novia de Chile.
En fin… El otro día papá me pilló volando bajo y me dijo que, como ahora estaba operadita de mis lindos ojitos y tenía vista 20/20, debería volver a jugar. Y a mí me picó el bichito.

Mamá me dijo que era por González, pero yo le respondí que no, es por el don.
Porque asumiendo que yo sufro de miles de síndromes –como del cantante incomprendido, el de Zamorano, el de la Guachomina Intimidante, el del Antílope y otros- es demasiado importante tener dones. Así como para compensar yo creo. Y hay que ser muy bestia para tenerlos y después perderlos. Y yo puedo ser muchas cosas, pero no bestia.

Lo único malo de todo esto es que papá tiene un muy mal concepto de los deportes. Porque es como los “hermanos dolor”, o sea, si no hay sufrimiento, no hay ejercicio. Yo le digo que está mal enfocado, si igual la gracia es disfrutar del paleteo, pero él no. Si jugamos tenis tiene que ser a la hora en que las palomas caen asadas, tipo 14.00 horas, al menos jugar una hora sin descanso y sin agua.

Y aquí estoy ahora, preparándome mentalmente para un partido de tenis con el papá. Estoy nerviosona, lo admito, además como que me fijé que no tenía ninguna tenida para hacer ejercicio y él me dice que es porque soy demasiado floja. Yo le digo que soy seca, lo que pasa es que mis actividades que queman calorías no aparecen en los juegos Olímpicos. Papá me mira feo porque es súper mal pensado y yo le digo que por bailar tampoco te dan medallas. Cien puntos para mí. Se ríe y me dice que en la cancha veremos mi estado físico. Y yo, si a algo le tengo poca fe, es a mi estado físico.

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lunes, 3 de diciembre de 2007

Muy Chúcara

Según mi hermana está muy mal que yo le diga a la gente que es chúcara, porque ese término es para los animales. Un caballo puede ser chúcaro, una mula es realmente chúcara y así. No la mamá, por ejemplo.
Pero mamá es súper chúcara a veces. Cuando me reta y yo no le hago caso, yo le digo que llega a parecerse a Chucky de tan feo que me mira. Y me mira más feo.
Le digo que si yo me la encontrara en un callejón oscuro, saldría arrancando. Más chúcara se pone. Pero es por ratitos no más, el resto del tiempo la mamá es lo más dulce que hay.

Mi vecina sí que es demasiado chúcara y a tiempo completo. Nos ha hecho la vida imposible desde que llegamos al departamento. A mí me odia y eso que soy enferma de simpática.
Ella se transformó al judaísmo para casarse con un judío y como estaba en plena época de cambios, de pasadita aprovechó de cambiarse el nombre también. Y él la dejó porque es enferma de neurótica y con una hija que tiene como mi edad y recién salió del colegio. Con abogado nos soplaron.
Y nos obliga a decirle Jael, que es como su nombre religioso, pero las cartas le llegan a nombre de Juana o algo así, muy chileno en todo caso.
Y yo para reírme le digo: “Juana, te llegó carta” y ella me gruñe. The real chúcara.

El sábado celebramos el cumple de papá, que en realidad está de cumpleaños mañana. La pasamos demasiado bien y el fotógrafo oficial nos sacó cientos de fotos demasiado entretenidas, como cuando los obligué a todos a poner cara de sorpresa y cosas así. Lo único malo es que el fotógrafo oficial es mi tío favorito, que siempre me entrega las fotos como al cumpleaños siguiente, así que no prometo mostrarlas.
La cosa es que estábamos demasiado prendidos en el cumpleaños cuando la vecina de la casa del lado gritaba y gritaba en el portón. Yo bajé bien enojada porque me carga que griten y me cuenta: un auto estaba estacionado en la salida de autos de su casa y ella no podía ni entrar ni salir.

Y mis ojos brillaron: ¡era el auto del papá de la vecina chúcara!

Así que le dije que llamáramos al tiro no más a un inspector para que le pusieran un parte. Pero la vecina que es como súper mística, ora a la pachamama y todo eso me decía que no, porque íbamos a armar un lío. Y yo dale con dictarle sus derechos, que era un atropello que le taparan así la entrada, así que le presté mi celular y llamamos. A esas alturas estaba la mitad del cumpleaños en la calle y yo dale que dale con que se merecía un parte.

Y llegó el inspector. Miró la escena y como que le daba lata cursar un parte, porque más encima era re tarde y estaba la Teletón y todo eso. La vecina mística no sabía qué hacer y yo le insistía al inspector que era una falta de respeto, que así daba vergüenza vivir en su comuna así que se lo sacara no más, que si no, yo iba a reclamar.
Y se lo sacó.
Yo me reía sola y habría pagado por verle la cara a la Juana, alias Jael.

Me voy a ir al infierno, pero quedé feliz.
Porque la chúcara no sólo se quedó con un tonto parte de 30 lucas, sino que se lo pegamos al vidrio. Al medio del parabrisas.
Porque al inspector se “le olvidó” ponerlo y nosotros teníamos miedo de que se le perdiera. De puro buenos que somos.
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martes, 4 de septiembre de 2007

Tortuga Acuática (2ª parte)

La tortuga de mi amigo ya tiene nombre. Tras rechazar rotundamente la idea de sus amigos que se la regalaron de ponerle “Carita” -porque la gracia costó ídem- se decidió por algo un poco más místico: Ahora la criatura se llama MAYA.

Hoy él me cuenta que estaba muerto de sueño y con las piernas adoloridas. Como yo no soy mal pensada, me imaginé que era por hacer ejercicios en la súper bicicleta que se compró, pero nones. ¡Quedó molido después de cambiarle el agua a su hija!
Después de reírme y acusarlo de exagerado me relató: El acuario pesa 4 kilos, la gravilla otros 4 más, más la roca que pesa 2 kilos y 6 litros de agua… Calcula! Calcula! Y estaba limpiándola en la tina! (Jajaja!)

Yo todavía no conozco a la hija putativa de mi amigo, que a mi entender es casi como mi sobrina, y como la pobre no tiene ni voz ni voto y su padre me confesó que la obliga a tirarse piqueros desde la roca- me vi en la obligación de pedir mejores condiciones para la criatura.

Entonces le exigí que le pusiera plantas, así como para crearle un ecosistema. Me dijo que no, porque las plantas naturales se pudren y las plásticas se las puede comer y morir. Y yo dale que cómo se las va a comer si no tiene dientes y él dale que sí porque Maya, pese a ser muy precoz ya muerde, sino hubiese muerto asfixiada con los pelets.
Le propuse entonces que le buscara una foto de una tortuga mamá y se la pusiera en uno de los costados del acuario, porque me tinca que la pobre debe sentirse muy sola entre pura gravilla y esquivando una roca todo el día, pero me respondió que se vería muy ordinario poner una gigantografía así como al natural.

Por último, que si yo quería un ecosistema para la criatura acuática, podía ponerle también un cocodrilo al acuario, así como para que “se viera más real” y la pobre Maya jugara a “salvarse la vida” y ahí me espanté: mi amigo es un padre desnaturalizado!

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miércoles, 29 de agosto de 2007

Me voy a Sindicalizar

Uno de los ramos que me toca este semestre es derecho laboral y yo estoy feliz.
Me encanta eso de que te enseñen tus derechos como trabajador, las formas de sindicalizarse y porqué la huelga es legal y el paro no lo es -mi dato cultural del día, ja!-
El ramo partió bien fome -porque en realidad la profe es bien ídem-, pero se superó cuando utilizó una frase de oro que nos pidió que la subrayáramos, porque era así como la clave del ramo: “El poder colectivo tiene más fuerza que el poder individual”. Y en esa simple frase resumía una idea muy clara: si quieres reales cambios y más beneficios para los empleados, viva la sindicalización y la negociación colectiva, porque dos cabezas piensan más que una y obvio, dos en huelga son mejor que uno y así…

Yo llegué chocha con la idea a la oficina al día siguiente, pensando en los cambios que quería para mi vida laboral e imaginando el pliego de peticiones que le haría a mi jefe-papá, desde regular mejor los horarios -porque entre nos, trabajar con papi no te garantiza salir a la hora- hasta ideas para decorar la oficina. Y de pasadita aprovecharía de pedir una tele en mi oficina también, ¡porque él tiene y yo no! ¡Súper injusto!

Y ahí como que me acordé que yo trabajo sola con mi jefe…
O sea, la fuerza colectiva se me había ido a las pailas en un segundo, así que me puse de cabeza a buscar aliados. Don Sergio (mi ascensorista favorito) es tan pero tan tranquilo, que me dio sueño cuando iba a contarle. Ni hablar del administrador del edificio que debe tener mínimo 70 años, entonces, la revolución ya corrió por sus venas hace rato. Y don Juanito es súper chacotero, demasiado en verdad, así que cero posibilidad de hacer presión con él.
Me quedó la oficina. Miré al calentador de agua y me miró feo, porque desde la última vez que lo estrellé en el piso funciona a medias y hace un ruido horrible, que yo siento como castigo hacia mi persona. Ni hablar del refrigerador que lo tengo más vacío que estante en guerra. En realidad no tenía a nadie… ni a nada!

Así que en virtud de mi extrema soledad me traje hoy un peluche, el Minino, y lo puse estratégicamente sobre mi escritorio como vigilando la puerta. Mi papá, con olfato digno de jefe anti-sindicalista, me preguntó de inmediato qué hacía ahí. “Bah! Lo traje para acompañarme!”, le dije y se fue murmurando de la oficina.
Así que mientras mi jefe se acostumbra a que ya no estaremos solos en la oficina y que habrá más personajes que lucharán conmigo por nuestros derechos, tengo al Sr. Conejo guardado en el cajón.
Por ahora.

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jueves, 16 de agosto de 2007

Mi Papá es Súper Héroe

Trabajo en pleno centro de Santiago, ahí donde las plazas fueron pistas de hielo por este invierno-polar y donde en verano uno tiene que andar sorteando las palomas asadas que caen al asfalto caliente. Ahí mismo, “donde las papas queman” según mi papá, quien chocho ve cómo prolifera todo el negocio ambulante. Porque si han pasado por aquí a las 2 de la tarde saben que apenas se puede caminar, se mueren lo que es a las 9 de la noche, donde por más agilidad que le pongo a mi camino al metro siempre “piso” más de un “local de cuneta”, ganando los garabatos más estrambóticos que he escuchado.
En fin… A mi me encanta trabajar aquí en pleno Paseo Ahumada, porque a cada rato te encuentras con conocidos y siempre hay mucho movimiento; de hecho, lo único malo es la delincuencia. Yo no sé si veo mucha tele o qué, pero cada vez que salgo miro de reojo para ver si presiento un pato malo detrás de mí y agarro mi cartera a dos manos –porque si me agarran el poto filo, ése se queda ahí, pero mi billetera no!-, todo esto porque siempre dicen que mi cuadra y las siguientes son las más peligrosas, con los más altos índices de “asaltos por sorpresa” (el nombre gil: “Sorpresa! Te robé!” Ajajaja… dato rosa)

A lo que iba es que hace un tiempo, mi papá-jefe llegó tiritón y al borde del soponcio a la oficina. Y yo con ataque surtido, preparando cafecito con doble de azúcar para que al pobre le volviera el color a la cara y el alma al cuerpo, pero nada. Medio sofocado trataba de hablarme sin resultados y yo, que la paciencia es un don que me fue negado desde la cuna, angustiada le dije: “ya poh! me aburro!” y ahí por fin me contó:

Resulta que venía de vuelta de los tribunales cuando justo delante de él, cuasi película de acción, ve un pobre viejito indefenso con cara de espanto porque un “antisocial” le había sacado el sueldo de su bolsillo a la salida del banco (yo también con cara de horror). Un caballero bueno trató de tomarlo del cuello pero se le soltó y el malo de la película empezó a correr, así, de sopetón frente a mi progenitor.
“Y no sé Cote, no lo pensé, lo vi corriendo hacía mí y a lo único que atiné fue a levantar mi pierna y pegarle una patada ahí en las costillas” (eso fue muy chistoso porque me imitó el movimiento y casi me dejó nock out) Y yo con cara de película de terror escuchando todo, pensando porqué no vendían cabritas cerca de la oficina porque ya me sentía en el cine (me distraigo demasiado fácil).
La cosa es que con el golpe digno de tortuga ninja mi súper papá dejó medio lelo al maldito pero aún seguía dando la pelea, cuál Duro de Matar, y ahí entre los dos héroes de la tarde lo inmovilizaron, mientras golpes iban y golpes venían (yo ahí ya me había sentado a escucharlo porque papi por primera vez en su vida era histriónico). Finalmente lo dejaron apretado contra un negocio y la gente se empezó a acercar y todos le gritaban cosas feas al delincuente (malo! feo! (si oh!)) pero nadie hacía nada en realidad, mientras papi estaba aterrorizado porque la dueña del negocio le pasó un palo para que le pegara al mafioso (ajajaja) y mi súper héroe conciliador le decía "no es para tanto señora, si ya lo tenemos".

Lo más chistoso de todo –y es el final feliz de la historia- es que el viejito recuperó su dinero, le pegó un par de combos al maldito casi para desquitarse no más y emprendió la retirada, negándose a dejar la constancia! Después del medio show!
Todo esto porque afortunadamente llegaron mas o menos rápido “carabineros al lugar de los hechos” y se llevaron al delincuente, que según mi papá era “jabonoso” (no he podido quitarle de la cabeza que sería muy raro que los delincuentes se bañen en crema antes de salir a asaltar…) y mi súper héroe personal se fue raudo del lugar porque nadie le sacaba la idea de que debían haber más amigos del pato malo al lado y todos echándole el ojo.
Después de eso mi súper papá anduvo con el colon en la mano toda la semana, me obligaba poco menos que a caminar de espaldas para que le vigilara la retaguardia por si nos encontráramos con el “antisocial” que venía a desquitarse. Para más remate, trataron de entrar a nuestra oficina esa misma semana! así que tuve que pagar el doble para que nos arreglaran flash las chapas y todavía, cada vez que tocan el timbre después de las 7 de la tarde, tirito.
Y es que parece que ninguno de los dos somos tan valientes como para luchar contra la delincuencia capitalina, pero yo estoy tranquila porque tengo mi súper héroe personal =)

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