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martes, 23 de diciembre de 2008

Mitos del Hombre (parte I)

En virtud de una muy buena junta femenina de este finde, donde los tequilas frambuesa fueron los reyes de la noche (¡Y no Celia Punk - Vidal! ¡Por dios si es tan feo ese hombre!), salió el infaltable tema de los guachominos -especie en extinción según el último recuento de las 3 regias de la noche- y de sus propios mitos, esos que ellos han creado, pero extrañamente no cumplen…

“El hombre cuando puede, la mujer cuando quiere”
Eso del “cuando puede” no significa que sea “siempre” que le den la pasada, sino que:


1. Puede cuando no están dando un partido de fútbol en la tele
-¿amor, te importaría que viera el penal? sólo el penal y seguimos-

2. Puede cuando su equipo favorito no disputará una final importante durante la semana entrante
–es que estos conchetu… me tienen estresado, no me puedo concentrar en nada-

3. Puede si no está muy tomado
–nod sed lo que me pasad pedo no seee para!-

4. Puede si ha tenido una semana descansada
–como si una se las tirara no más...-

5. Puede si no está estresado por el trabajo
–porque si come pensando en pega, duerme pensando en pega, es lógico que tire pensando en la pega también-

6. Puede si ha tenido vacaciones en el último año
–qué desconsiderada yo, pidiendo tamaños esfuerzos-

7. Puede si uno no se lo han exigido en las 24 horas anteriores
-“¿y tú no te cansai’ nunca?”- (¡esa fue notable! jaja)

8. Puede si no quedó con traumas por culpa de la ex
–que es como estar 3 en una cama, demasiado incómodo a menos que uno se haya propuesto un ménage à trois-

9. Puede si las estrellas y los planetas se han configurado en el cuadrante perfecto
-y a nuestro favor, claro-.

10.
Por último, puede si anda con ganas.


En cambio, las mujeres queremos:
SIEMPRE que nos den algo bueno a cambio

(Nota de Isolda: Cualquier similitud con la realidad, me niego a creer que es coincidencia)

*.


jueves, 22 de noviembre de 2007

Casos Clínicos

Un amigo me preguntó cómo iba mi búsqueda del guachón ideal. Le dije que pésimo, porque me ha tocado conocer a cada tipo “de patio”, que estoy pensando seriamente en irme a un cerro a meditar y ser como Buda.
¿No me cree todavía? Mire con qué tipo de guachones nos encontramos las pobres guachominas a diario:

1. El "la imagen es todo”: Cuando nos conocimos llegó con la parada de “soy galante, sin rollos y bohemio”. Características que son lo mínimo que uno espera de un chico de treinta y tantos, con trabajo y viviendo solo.
¿El problema? Que de las tres características sólo la última era verdadera. Lo de galante se le quitó después de… ¿la segunda cita? En las siguientes el sujeto era “irreconocible”.
Análisis: Debería denunciarlo al Sernac por publicidad engañosa.

2. El Barsa o “mientras no me pillen”: Porque tiene polola y al principio lo negó para salir conmigo. Según él, sólo omitió la información. Porque después de la parada de carros que le hice me pidió disculpas y que siguiéramos tan amigos como antes.
¿El problema? Que me avisa que se viene a trabajar cerca de mí para que nos juntemos…
Análisis: Si yo fuera su polola, me pego un tiro.

3. El Bipolar o Personalidad Múltiple: Porque un día le encanto y al otro no existo. Los días pares quiere juntarse conmigo y en los impares se le olvida que quería. Porque arma los tremendos panoramas -cual de todos mejor que el anterior- y me embarca con la galantería de antaño.
¿El problema? Que no realiza ninguno, porque el día que toca el panorama: Anda de maletas ¡porque es bipolar!
Análisis: Si me gano el Kino, le regalo una terapia completa con un psiquiatra.

4. El Pastel o “no le gano a nadie”: Porque le gustas pero no se lanza. Porque manda mensajes con el amigo y seguramente una terminará saliendo con el amigo antes que con él. Y cuando se acerca, en vez de ser galante, tira la caballería encima porque se le ocurrió que así resulta.
¿El problema? A todas nos gustan los chicos que se crean el cuento, pero no queremos a uno que nos diga “yo podría mejorar tu pobre existencia”.
Análisis: Terminante: es un caso perdido.

5. El Pegado: Con el que saliste hace casi 4 años pero se resiste a que lo olvides. El que te habla para exigirte que le cuentes que ha sido de tu vida sin él y si le dices que estás súper bien, se siente ofendido, pero aún así quiere salir contigo otra vez. Al que le dices que nunca funcionó porque él es demasiado fome y poco interesante, se ofende de nuevo y te vuelve a invitar.
¿El problema? ¡No hay forma de sacárselo de encima!
Análisis: Le buscaría otra chica, pero me daría pena que ella pasara por lo mismo.

6. El Acosador: No puedes pasar sin que te pegue “la escaneada”. Porque aunque estás vestida, te mira como si tuviera frente a sí un catálogo de ropa interior. Y una se siente dentro de ese catálogo casi modelando.
¿El problema? Recibí a uno la semana pasada en la oficina porque es el próximo arrendador, y yo me muero si me toca trabajar con él.
Análisis: Loco ¡hazte ver! Capaz que no me gane el Kino todavía y lo tuyo ¡es grave!

7. El “te llevo a bailar pero nunca al altar”: El típico guachón galán, al que no puedes decirle que no y que más encima es tan, pero tan entretenido, que casi te preguntas si no serás tú muy fome. Pero nunca quiere ponerle nombre a la relación, siempre le da un ataque fulminante de colon cuando lo invitas a tu casa y cuando lo llamas a la suya, a la “suegra” ni siquiera le suena tu nombre.
¿El problema? Que nunca será nada en serio… y lo sabes; más encima te morirás de envidia cuando sepas que a otra sí le pidió pololeo.
Análisis: Hay que copiarle la técnica: pasarla bien y después “bye guachomino”.

8. El Mamón: Porque está peludo hace rato, pero le sigue preguntando a la mamá si se puede quedar a dormir afuera. El que te lleva a su casa, no para presentarte a la familia, sino que para que la suegra se ponga el disfraz del FBI, te pregunte sobre todas tus intenciones con el “querubín” y de pasadita, haga comentarios como “no te puedes vestir así si sales con mi hijo”.
¿El problema? Jamás te pedirá pololeo hasta que su “santa madre” se lo permita.
Análisis: Otro caso perdido, “el que duerme con niños…”

* Si usted es guachomina y ve a uno de éstos, aléjese corriendo tanto como le den las piernas. Y si tiene otra categoría a la que, suertudamente, aún no he conocido: ¡Dígamela!
* Si usted es un guachón que se siente identificado en cualquiera de estas categorías, aléjese por favor, si sé que tengo un imán para esto… ¡pero ya es mucho!

*.

lunes, 29 de octubre de 2007

Fanática de las Citas a Ciegas

Ok, nunca tan lanzada a la vida, usualmente pido fotos y uno que otro dato, con el fin de que si pasa algo malo, tener al menos una dirección donde ir a demandar al loco de patio que me pudo haber tocado, lo que menos mal nunca ha pasado.

No sé a cuántas he ido, pero son varias. Para la cuenta, de todas ellas saqué un pololeo, al menos unas cuatro relaciones y otras tantas que quedaron hasta para una segunda cita. Ah sí, también hubo un par en que apliqué “un Cote” –bloqueo de msn por jugoso- y otras tantas en que fui más directa y dije: “qué entretenido… pero no, con ésta estamos más que bien”.

De las más graciosas quedará en la historia un hippie –me engañó con eso porque no me gustan los hippies- que muy tierno me llevó un poema a la cita. Y era lindo el poema, pero lo llevó en una hoja de cuaderno con todos los flecos… ¡Mínimo cortarlos! Con él no salí más.
También hubo un vivaracho que cuando me pasó a buscar me llevó a un mirador. Y después dicen que los hombres no son caras de raja. Apenas le pegué el grito del año me llevó a mi casa de vuelta. Esa vez tampoco hubo segunda.
O el espécimen mitad intelectual mitad punky -nefasta mezcla- que me presentó el novio de una amiga. El chico me llevó la contraria toda la noche, me discutió todo lo que dije al borde del insulto y cuando se iba, me pidió el teléfono! El que di porque soy una señorita, pero con una pequeña modificación en los últimos 4 dígitos.

Según un amigo, mi juego de las citas a ciegas es una tómbola peligrosa y siempre me saca a colación el tema de este español que mató a la chilena allá lanzándola departamento abajo. Ok, primero yo no soy víctima de trata de blancas; segundo, yo tengo buen gusto y el español era bien penca; por último, nunca pero nunca tan lanzada como para salir del país a concertar una citas.
Bah! Si todavía le tengo fe al guachomino nacional.

De hecho he pensado que si no me gano nunca el Loto como vengo sospechando hace dos años- pienso que me haría millonaria si creara una agencia especial para citas a ciegas. Certificadas y sin demoras. Qué fotos, puros video de presentación.
Y estaría obligada a salir con todos los candidatos, sólo porque seré una regia presidenta de la institución que ofrecerá productos testeados para mis guachi-amigas.

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