Mi primer choque en la historia. Y un choque de mina más encima. No porque tengamos problemas de reflejos ni de rapidez, ni seamos más malas que los hombres manejando, sino porque usamos cartera. Y los hombres no.
Entonces una, que ve todos estos programas como “Aquí en Vivo” y “Policías en acción”, que es capaz de reconocer a los patos malos con sólo mirarlos, que se niega a bajarse en el metro Franklin después del reportaje de las bandas que acechan ahí, sale espantada cada vez que toma el auto. Porque no sólo en las pasarelas asaltan, rompen vidrios con piedras y sacan las carteras, sino que en todas las esquinas. Entonces yo, que me las doy de valiente, pero a la primera salgo corriendo, no encontré nada mejor que una muy mala costumbre: meter la cartera debajo de mi asiento.
Así que cuando salí el otro día –fugaz, lo admito- a buscar a mi mamá y a mi hermana al trabajo, casi automáticamente dejé la cartera ahí. Y mal ubicada por cierto. Entonces la Kennedy y el bip-bip de los ladrones de la Costanera Norte, que dicen que pasé a la hora de atochamiento y no es cierto, muchos autos pasando y un tonto camión como a 20 en Los Conquistadores. Y una, que a veces se cree Schumager, adelanta (al igual que todos los otros no más) y se encuentra con feroz taco, entonces una frena, porque muy Schumager me creeré pero no soy tonta y PUF.
Se enreda el taco de mi bota en la cartera y sólo alcanzo a rozar el pedal del freno. Un segundo después logro sacarla y nuevamente a frenar, pero ya había chocado.
¡El accidente más gil de la historia!
Y la primera vez que una choca es fuerte. Porque en mis otros accidentes me habían chocado, entonces es como ¡sorpresa! Pero no alcanzas a hacer nada. En cambio yo acá vi que iba a chocar, así que me agarré del volante con las dos manos y cerré los ojos. Después don Julio –el dueño de la grúa- me dijo que ésa era una muy mala costumbre porque hay que mantenerlos abiertos todo el rato por si se revienta el parabrisas y hay que esquivar los vidrios. Y yo le dije que era enfermo de turbio, si yo estaba en shock todavía y paseándome por primera vez en un grúa por Santiago como para que me dijera que pude haber quedado tajeada de por vida.
En fin. Pero lo peor de todo es que cuando abro los ojos, lo primero que hice fue comprobar que estaba entera. Y estaba, entonces me preocupé del pobre que se cruzó en mi camino cómo estaría y suspiré aliviada porque el hombre se bajó de lo más bien de su auto. Hasta que me empezó a tapar a garabatos. Y me golpeaba el capot del auto. Y a mí que me cargan los carabineros, estuve tentada a llamar al 133 pensando que ese hombre me iba a matar si me bajaba.
Porque para eso hay que ser muy bestia. O sea, cuando me han chocado yo me asusto y eso, pero no me imagino que la gente choca a propósito. Pero este gil sí y me gritaba tantas cosas, que ni siquiera me dejaba subir el auto a la vereda así como para despejar el taco que estábamos provocando.
Y como buen hombre, cuando vio que a su tonto auto no le pasó nada, se tranquilizó. Después se acercó a tratar de abrir mi puerta –que quedó atorada, ni sé cómo me bajé, yo creo que del susto- y cuando vio el mío me dijo: “Igual tu auto quedó mucho más cagado que el mío”.
Y yo sentí como que se alegró de eso.
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miércoles, 10 de septiembre de 2008
jueves, 22 de noviembre de 2007
Casos Clínicos
Un amigo me preguntó cómo iba mi búsqueda del guachón ideal. Le dije que pésimo, porque me ha tocado conocer a cada tipo “de patio”, que estoy pensando seriamente en irme a un cerro a meditar y ser como Buda.
¿No me cree todavía? Mire con qué tipo de guachones nos encontramos las pobres guachominas a diario:
1. El "la imagen es todo”: Cuando nos conocimos llegó con la parada de “soy galante, sin rollos y bohemio”. Características que son lo mínimo que uno espera de un chico de treinta y tantos, con trabajo y viviendo solo.
¿El problema? Que de las tres características sólo la última era verdadera. Lo de galante se le quitó después de… ¿la segunda cita? En las siguientes el sujeto era “irreconocible”.
Análisis: Debería denunciarlo al Sernac por publicidad engañosa.
2. El Barsa o “mientras no me pillen”: Porque tiene polola y al principio lo negó para salir conmigo. Según él, sólo omitió la información. Porque después de la parada de carros que le hice me pidió disculpas y que siguiéramos tan amigos como antes.
¿El problema? Que me avisa que se viene a trabajar cerca de mí para que nos juntemos…
Análisis: Si yo fuera su polola, me pego un tiro.
3. El Bipolar o Personalidad Múltiple: Porque un día le encanto y al otro no existo. Los días pares quiere juntarse conmigo y en los impares se le olvida que quería. Porque arma los tremendos panoramas -cual de todos mejor que el anterior- y me embarca con la galantería de antaño.
¿El problema? Que no realiza ninguno, porque el día que toca el panorama: Anda de maletas ¡porque es bipolar!
Análisis: Si me gano el Kino, le regalo una terapia completa con un psiquiatra.
4. El Pastel o “no le gano a nadie”: Porque le gustas pero no se lanza. Porque manda mensajes con el amigo y seguramente una terminará saliendo con el amigo antes que con él. Y cuando se acerca, en vez de ser galante, tira la caballería encima porque se le ocurrió que así resulta.
¿El problema? A todas nos gustan los chicos que se crean el cuento, pero no queremos a uno que nos diga “yo podría mejorar tu pobre existencia”.
Análisis: Terminante: es un caso perdido.
5. El Pegado: Con el que saliste hace casi 4 años pero se resiste a que lo olvides. El que te habla para exigirte que le cuentes que ha sido de tu vida sin él y si le dices que estás súper bien, se siente ofendido, pero aún así quiere salir contigo otra vez. Al que le dices que nunca funcionó porque él es demasiado fome y poco interesante, se ofende de nuevo y te vuelve a invitar.
¿El problema? ¡No hay forma de sacárselo de encima!
Análisis: Le buscaría otra chica, pero me daría pena que ella pasara por lo mismo.
6. El Acosador: No puedes pasar sin que te pegue “la escaneada”. Porque aunque estás vestida, te mira como si tuviera frente a sí un catálogo de ropa interior. Y una se siente dentro de ese catálogo casi modelando.
¿El problema? Recibí a uno la semana pasada en la oficina porque es el próximo arrendador, y yo me muero si me toca trabajar con él.
Análisis: Loco ¡hazte ver! Capaz que no me gane el Kino todavía y lo tuyo ¡es grave!
7. El “te llevo a bailar pero nunca al altar”: El típico guachón galán, al que no puedes decirle que no y que más encima es tan, pero tan entretenido, que casi te preguntas si no serás tú muy fome. Pero nunca quiere ponerle nombre a la relación, siempre le da un ataque fulminante de colon cuando lo invitas a tu casa y cuando lo llamas a la suya, a la “suegra” ni siquiera le suena tu nombre.
¿El problema? Que nunca será nada en serio… y lo sabes; más encima te morirás de envidia cuando sepas que a otra sí le pidió pololeo.
Análisis: Hay que copiarle la técnica: pasarla bien y después “bye guachomino”.
8. El Mamón: Porque está peludo hace rato, pero le sigue preguntando a la mamá si se puede quedar a dormir afuera. El que te lleva a su casa, no para presentarte a la familia, sino que para que la suegra se ponga el disfraz del FBI, te pregunte sobre todas tus intenciones con el “querubín” y de pasadita, haga comentarios como “no te puedes vestir así si sales con mi hijo”.
¿El problema? Jamás te pedirá pololeo hasta que su “santa madre” se lo permita.
Análisis: Otro caso perdido, “el que duerme con niños…”
* Si usted es guachomina y ve a uno de éstos, aléjese corriendo tanto como le den las piernas. Y si tiene otra categoría a la que, suertudamente, aún no he conocido: ¡Dígamela!
* Si usted es un guachón que se siente identificado en cualquiera de estas categorías, aléjese por favor, si sé que tengo un imán para esto… ¡pero ya es mucho!
*.
¿No me cree todavía? Mire con qué tipo de guachones nos encontramos las pobres guachominas a diario:
1. El "la imagen es todo”: Cuando nos conocimos llegó con la parada de “soy galante, sin rollos y bohemio”. Características que son lo mínimo que uno espera de un chico de treinta y tantos, con trabajo y viviendo solo.
¿El problema? Que de las tres características sólo la última era verdadera. Lo de galante se le quitó después de… ¿la segunda cita? En las siguientes el sujeto era “irreconocible”.
Análisis: Debería denunciarlo al Sernac por publicidad engañosa.
2. El Barsa o “mientras no me pillen”: Porque tiene polola y al principio lo negó para salir conmigo. Según él, sólo omitió la información. Porque después de la parada de carros que le hice me pidió disculpas y que siguiéramos tan amigos como antes.
¿El problema? Que me avisa que se viene a trabajar cerca de mí para que nos juntemos…
Análisis: Si yo fuera su polola, me pego un tiro.
3. El Bipolar o Personalidad Múltiple: Porque un día le encanto y al otro no existo. Los días pares quiere juntarse conmigo y en los impares se le olvida que quería. Porque arma los tremendos panoramas -cual de todos mejor que el anterior- y me embarca con la galantería de antaño.
¿El problema? Que no realiza ninguno, porque el día que toca el panorama: Anda de maletas ¡porque es bipolar!
Análisis: Si me gano el Kino, le regalo una terapia completa con un psiquiatra.
4. El Pastel o “no le gano a nadie”: Porque le gustas pero no se lanza. Porque manda mensajes con el amigo y seguramente una terminará saliendo con el amigo antes que con él. Y cuando se acerca, en vez de ser galante, tira la caballería encima porque se le ocurrió que así resulta.
¿El problema? A todas nos gustan los chicos que se crean el cuento, pero no queremos a uno que nos diga “yo podría mejorar tu pobre existencia”.
Análisis: Terminante: es un caso perdido.
5. El Pegado: Con el que saliste hace casi 4 años pero se resiste a que lo olvides. El que te habla para exigirte que le cuentes que ha sido de tu vida sin él y si le dices que estás súper bien, se siente ofendido, pero aún así quiere salir contigo otra vez. Al que le dices que nunca funcionó porque él es demasiado fome y poco interesante, se ofende de nuevo y te vuelve a invitar.
¿El problema? ¡No hay forma de sacárselo de encima!
Análisis: Le buscaría otra chica, pero me daría pena que ella pasara por lo mismo.
6. El Acosador: No puedes pasar sin que te pegue “la escaneada”. Porque aunque estás vestida, te mira como si tuviera frente a sí un catálogo de ropa interior. Y una se siente dentro de ese catálogo casi modelando.
¿El problema? Recibí a uno la semana pasada en la oficina porque es el próximo arrendador, y yo me muero si me toca trabajar con él.
Análisis: Loco ¡hazte ver! Capaz que no me gane el Kino todavía y lo tuyo ¡es grave!
7. El “te llevo a bailar pero nunca al altar”: El típico guachón galán, al que no puedes decirle que no y que más encima es tan, pero tan entretenido, que casi te preguntas si no serás tú muy fome. Pero nunca quiere ponerle nombre a la relación, siempre le da un ataque fulminante de colon cuando lo invitas a tu casa y cuando lo llamas a la suya, a la “suegra” ni siquiera le suena tu nombre.
¿El problema? Que nunca será nada en serio… y lo sabes; más encima te morirás de envidia cuando sepas que a otra sí le pidió pololeo.
Análisis: Hay que copiarle la técnica: pasarla bien y después “bye guachomino”.
8. El Mamón: Porque está peludo hace rato, pero le sigue preguntando a la mamá si se puede quedar a dormir afuera. El que te lleva a su casa, no para presentarte a la familia, sino que para que la suegra se ponga el disfraz del FBI, te pregunte sobre todas tus intenciones con el “querubín” y de pasadita, haga comentarios como “no te puedes vestir así si sales con mi hijo”.
¿El problema? Jamás te pedirá pololeo hasta que su “santa madre” se lo permita.
Análisis: Otro caso perdido, “el que duerme con niños…”
* Si usted es guachomina y ve a uno de éstos, aléjese corriendo tanto como le den las piernas. Y si tiene otra categoría a la que, suertudamente, aún no he conocido: ¡Dígamela!
* Si usted es un guachón que se siente identificado en cualquiera de estas categorías, aléjese por favor, si sé que tengo un imán para esto… ¡pero ya es mucho!
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lunes, 29 de octubre de 2007
Fanática de las Citas a Ciegas
Ok, nunca tan lanzada a la vida, usualmente pido fotos y uno que otro dato, con el fin de que si pasa algo malo, tener al menos una dirección donde ir a demandar al loco de patio que me pudo haber tocado, lo que menos mal nunca ha pasado.
No sé a cuántas he ido, pero son varias. Para la cuenta, de todas ellas saqué un pololeo, al menos unas cuatro relaciones y otras tantas que quedaron hasta para una segunda cita. Ah sí, también hubo un par en que apliqué “un Cote” –bloqueo de msn por jugoso- y otras tantas en que fui más directa y dije: “qué entretenido… pero no, con ésta estamos más que bien”.
De las más graciosas quedará en la historia un hippie –me engañó con eso porque no me gustan los hippies- que muy tierno me llevó un poema a la cita. Y era lindo el poema, pero lo llevó en una hoja de cuaderno con todos los flecos… ¡Mínimo cortarlos! Con él no salí más.
También hubo un vivaracho que cuando me pasó a buscar me llevó a un mirador. Y después dicen que los hombres no son caras de raja. Apenas le pegué el grito del año me llevó a mi casa de vuelta. Esa vez tampoco hubo segunda.
O el espécimen mitad intelectual mitad punky -nefasta mezcla- que me presentó el novio de una amiga. El chico me llevó la contraria toda la noche, me discutió todo lo que dije al borde del insulto y cuando se iba, me pidió el teléfono! El que di porque soy una señorita, pero con una pequeña modificación en los últimos 4 dígitos.
Según un amigo, mi juego de las citas a ciegas es una tómbola peligrosa y siempre me saca a colación el tema de este español que mató a la chilena allá lanzándola departamento abajo. Ok, primero yo no soy víctima de trata de blancas; segundo, yo tengo buen gusto y el español era bien penca; por último, nunca pero nunca tan lanzada como para salir del país a concertar una citas.
Bah! Si todavía le tengo fe al guachomino nacional.
De hecho he pensado que si no me gano nunca el Loto –como vengo sospechando hace dos años- pienso que me haría millonaria si creara una agencia especial para citas a ciegas. Certificadas y sin demoras. Qué fotos, puros video de presentación.
Y estaría obligada a salir con todos los candidatos, sólo porque seré una regia presidenta de la institución que ofrecerá productos testeados para mis guachi-amigas.
*.
No sé a cuántas he ido, pero son varias. Para la cuenta, de todas ellas saqué un pololeo, al menos unas cuatro relaciones y otras tantas que quedaron hasta para una segunda cita. Ah sí, también hubo un par en que apliqué “un Cote” –bloqueo de msn por jugoso- y otras tantas en que fui más directa y dije: “qué entretenido… pero no, con ésta estamos más que bien”.
De las más graciosas quedará en la historia un hippie –me engañó con eso porque no me gustan los hippies- que muy tierno me llevó un poema a la cita. Y era lindo el poema, pero lo llevó en una hoja de cuaderno con todos los flecos… ¡Mínimo cortarlos! Con él no salí más.
También hubo un vivaracho que cuando me pasó a buscar me llevó a un mirador. Y después dicen que los hombres no son caras de raja. Apenas le pegué el grito del año me llevó a mi casa de vuelta. Esa vez tampoco hubo segunda.
O el espécimen mitad intelectual mitad punky -nefasta mezcla- que me presentó el novio de una amiga. El chico me llevó la contraria toda la noche, me discutió todo lo que dije al borde del insulto y cuando se iba, me pidió el teléfono! El que di porque soy una señorita, pero con una pequeña modificación en los últimos 4 dígitos.
Según un amigo, mi juego de las citas a ciegas es una tómbola peligrosa y siempre me saca a colación el tema de este español que mató a la chilena allá lanzándola departamento abajo. Ok, primero yo no soy víctima de trata de blancas; segundo, yo tengo buen gusto y el español era bien penca; por último, nunca pero nunca tan lanzada como para salir del país a concertar una citas.
Bah! Si todavía le tengo fe al guachomino nacional.
De hecho he pensado que si no me gano nunca el Loto –como vengo sospechando hace dos años- pienso que me haría millonaria si creara una agencia especial para citas a ciegas. Certificadas y sin demoras. Qué fotos, puros video de presentación.
Y estaría obligada a salir con todos los candidatos, sólo porque seré una regia presidenta de la institución que ofrecerá productos testeados para mis guachi-amigas.
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jueves, 18 de octubre de 2007
Wena Cote!
(Para los mal pensados no, no me pillaron en ésas ni menos me grabaron)
En los últimos días me han gritado tres veces “Wena Naty” en la calle. Además de no llamarme Natalia, tampoco andaba en actitudes dudosas como para crear el parecido.
¿Cuándo el “Wena Naty” se transformó en el piropo califa del chileno promedio?
Pero promedio hablo, porque ni siquiera es el piropo del maestro de la construcción, que sigue pegado con el “mi yeina, soy casado pero a esa la dejo mañana”.
Iba camino a la universidad cuando veo dos chicos caminando frente a mí. Al ojo les eché 5 años menos que yo, que si bien no raya en la pedofilia, igual es perversión porque sería como salir con mi primo chico. Seguía mi trayecto cuando uno de los chicos se me acerca y me susurra al oído “Wena Naty!".
¿Ahora así le dicen a las chicas paseando en mini?
Esto del episodio de la Naty pegó fuerte parece. Yo que me enteré como una semana después de la noticia del año y tras haber preguntado a 20 contactos de msn porqué todos conocían a una Naty y qué le gritaban tanto. A mí que me da pena la chica, porque en mi época los amigos te cantaban “llévala al motel”, pero a ninguno se le ocurría grabarte. Yo que casi me abandericé y despotriqué por el accionar machista –sin haber sido nunca feminista- porque la culpa fue del gil que la subió a youtube, a mi parecer.
Al día siguiente a la salida de la universidad tres pailones –esos si tenían mi edad- me gritan lo mismo cuando paso. Me di vuelta atacada y les dije “¡Pero si no me llamo Naty!”. Como suele suceder con los guachominos que gritan cosas en la calle y uno los enfrenta, se les cayó la cara y se dieron media vuelta avergonzados.
No entiendo nada. Según mi hermana con la foto de la corona igual me parezco a la del video, pero está claro que dejé el jumper hace rato!.
Ya la tercera vez dejó de darme gracia el asunto. Caminando entre ambas sedes de la universidad un grupo de chicos desde un auto, me tocan la bocina y me gritan “Wena Naty!”.
Y ahí se quedé plop.
Por último, me podrían gritar “Wena Cote!”, ¿no?
*.
En los últimos días me han gritado tres veces “Wena Naty” en la calle. Además de no llamarme Natalia, tampoco andaba en actitudes dudosas como para crear el parecido.
¿Cuándo el “Wena Naty” se transformó en el piropo califa del chileno promedio?
Pero promedio hablo, porque ni siquiera es el piropo del maestro de la construcción, que sigue pegado con el “mi yeina, soy casado pero a esa la dejo mañana”.
Iba camino a la universidad cuando veo dos chicos caminando frente a mí. Al ojo les eché 5 años menos que yo, que si bien no raya en la pedofilia, igual es perversión porque sería como salir con mi primo chico. Seguía mi trayecto cuando uno de los chicos se me acerca y me susurra al oído “Wena Naty!".
¿Ahora así le dicen a las chicas paseando en mini?
Esto del episodio de la Naty pegó fuerte parece. Yo que me enteré como una semana después de la noticia del año y tras haber preguntado a 20 contactos de msn porqué todos conocían a una Naty y qué le gritaban tanto. A mí que me da pena la chica, porque en mi época los amigos te cantaban “llévala al motel”, pero a ninguno se le ocurría grabarte. Yo que casi me abandericé y despotriqué por el accionar machista –sin haber sido nunca feminista- porque la culpa fue del gil que la subió a youtube, a mi parecer.
Al día siguiente a la salida de la universidad tres pailones –esos si tenían mi edad- me gritan lo mismo cuando paso. Me di vuelta atacada y les dije “¡Pero si no me llamo Naty!”. Como suele suceder con los guachominos que gritan cosas en la calle y uno los enfrenta, se les cayó la cara y se dieron media vuelta avergonzados.
No entiendo nada. Según mi hermana con la foto de la corona igual me parezco a la del video, pero está claro que dejé el jumper hace rato!.
Ya la tercera vez dejó de darme gracia el asunto. Caminando entre ambas sedes de la universidad un grupo de chicos desde un auto, me tocan la bocina y me gritan “Wena Naty!”.
Y ahí se quedé plop.
Por último, me podrían gritar “Wena Cote!”, ¿no?
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martes, 16 de octubre de 2007
¿Patas Negras o Cornuda?
Hablaba con mi guachi-amiga Tania sobre el tema de ser patas negras. Ella como anda full love, es capaz de sacarle los ojos a la “yegua” que le mire al novio y ni loca lo engañaría –yo la apoyo, se viene un súper matrimonio ahí-, mientras que por mi parte, era totalmente distinta la película.
Se supone que cornuda nunca he sido, aunque últimamente le he perdido la fe al género de guachomino fiel, así que no meto las manos al fuego por nadie. Pero sí me ha tocado ser patas negras.
El tema de ser patas negras es accidental. Digo por parte de una claro, de parte del guachomino califa la cosa no tiene nada de accidente. El otro día le pregunté a mis amigos si no tenía un letrero de neón en mi frente que dijera “patas negras aquí” y yo no me había fijado. Me dijeron que no, que tenía otra cosa a la vista… (Pero no es del caso comentar aquí esas conversaciones con mucho vodka de por medio)
En fin… Decía que era accidental porque a veces –no defenderé a todas las de mi género, sólo a mí- una no sabe que está siendo la patas negras. He pecado harto de confiada, porque como yo no ando haciendo cosas turbias en mi vida, nunca pienso que el otro sí las hace. En una ocasión debí incluso pedir disculpas a la chica damnificada de la situación y aunque casi se me cayó la cara, no dejé de afirmar que yo no tenía cómo saber si el guachomino la negaba todo el día! Pero la chica era tonta, prefirió echarle la culpa a la inocente y no al tonto caliente.
La última que me pasó fue en esas recaídas irracionales con el típico ex que siempre vuelve a buscarte. Ese que incluso fue a verte a la casa cuando tú ya estabas con otro y trató de hacerse el lindo. El mismo que después, al enterarse que volviste al mercado de los solteros, te vuelve a invitar a salir.
Fuimos al cine y lo pasamos bien. ¿Recordar viejos tiempos? Ni tanto, esos deben quedarse en el baúl de los recuerdo no más. El tema es que al par de días me entero que el tipo está pololeando, situación que no sólo me oculta… ¡sino que se hace el gil más encima cuando lo encaro! Afortunadamente con este chico nunca ha habido otras intenciones, pero esto ya raya con la maldad.
Soy de la idea de que si no te gusta con quien estás, termina y vuelve a la vida de la soltería –mi favorita en este tiempo- pero eso de andar poniendo los cuernos, además de mala persona, es de cobarde. ¡Mire que faltarle cojones para decir la verdad, pero no para tirarse a otra!
Por eso mismo y por todas las experiencias que me han tocado en este sentido –ni pregunten cuántas son y así me evitan ir al psicólogo-, es que desconfío ahora de que existan guachominos fieles. Según mi amiga, hay guachominos y hay fieles, pero no los dos juntos.
Al final ella, casi para subirme el ánimo me dice: “Pero Cote, lejos es mejor ser Patas Negras que Cornuda…”
Y si lo miramos así, tiene razón. Digo, hasta que esté del otro lado.
*.
Se supone que cornuda nunca he sido, aunque últimamente le he perdido la fe al género de guachomino fiel, así que no meto las manos al fuego por nadie. Pero sí me ha tocado ser patas negras.
El tema de ser patas negras es accidental. Digo por parte de una claro, de parte del guachomino califa la cosa no tiene nada de accidente. El otro día le pregunté a mis amigos si no tenía un letrero de neón en mi frente que dijera “patas negras aquí” y yo no me había fijado. Me dijeron que no, que tenía otra cosa a la vista… (Pero no es del caso comentar aquí esas conversaciones con mucho vodka de por medio)
En fin… Decía que era accidental porque a veces –no defenderé a todas las de mi género, sólo a mí- una no sabe que está siendo la patas negras. He pecado harto de confiada, porque como yo no ando haciendo cosas turbias en mi vida, nunca pienso que el otro sí las hace. En una ocasión debí incluso pedir disculpas a la chica damnificada de la situación y aunque casi se me cayó la cara, no dejé de afirmar que yo no tenía cómo saber si el guachomino la negaba todo el día! Pero la chica era tonta, prefirió echarle la culpa a la inocente y no al tonto caliente.
La última que me pasó fue en esas recaídas irracionales con el típico ex que siempre vuelve a buscarte. Ese que incluso fue a verte a la casa cuando tú ya estabas con otro y trató de hacerse el lindo. El mismo que después, al enterarse que volviste al mercado de los solteros, te vuelve a invitar a salir.
Fuimos al cine y lo pasamos bien. ¿Recordar viejos tiempos? Ni tanto, esos deben quedarse en el baúl de los recuerdo no más. El tema es que al par de días me entero que el tipo está pololeando, situación que no sólo me oculta… ¡sino que se hace el gil más encima cuando lo encaro! Afortunadamente con este chico nunca ha habido otras intenciones, pero esto ya raya con la maldad.
Soy de la idea de que si no te gusta con quien estás, termina y vuelve a la vida de la soltería –mi favorita en este tiempo- pero eso de andar poniendo los cuernos, además de mala persona, es de cobarde. ¡Mire que faltarle cojones para decir la verdad, pero no para tirarse a otra!
Por eso mismo y por todas las experiencias que me han tocado en este sentido –ni pregunten cuántas son y así me evitan ir al psicólogo-, es que desconfío ahora de que existan guachominos fieles. Según mi amiga, hay guachominos y hay fieles, pero no los dos juntos.
Al final ella, casi para subirme el ánimo me dice: “Pero Cote, lejos es mejor ser Patas Negras que Cornuda…”
Y si lo miramos así, tiene razón. Digo, hasta que esté del otro lado.
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jueves, 4 de octubre de 2007
¿Ridícula Yo?
Ayer caminaba como siempre por Huérfanos hacia mi oficina y de la nada me gritan: “RIDÍCULA!”
¡Cara de raja! ¡Qué se cree la gente!
Rewind…
Ayer camina como siempre por Huérfanos –conectada a mi súper celular con radio- hacia mi oficina –escuchando una canción demasiado prendida que me traía sonriendo y bailando- y de la nada me gritan: ¡RIDÍCULA!
Es que me mata la canción “El señor de la ducha” de la radio HIT y siempre la ponen cuando yo ando en la calle!
Y en la parte “♪ Si quieres gozar, si quieres perrear, de camino al colegio la ducha te pone a vacilar ♪”, yo ya tengo mi propia versión aplicada a mi vida –que por la moral y las buenas costumbres no voy a publicar aquí- y sí, venía sonriente. Y bailando. Un poquito.
Para colmo en el medio de la canción sale el Nacho Godoy cantando “Limpiaparabrisas” y yo no lo puedo evitar: me sale el “sapito de agua, sapito de agua” casi por inercia. Ni hablar de “luces altas! luces bajas!”…
De hecho creo que venía en esa parte de la canción cuando escuché clarito el grito a unos metros de mí.
Me di vuelta a mirar al cretino que me había gritado con cara de “pasaste de una a mi escala del odio” (a nadie le gusta estar ahí, eh?) aunque obvio, primero tuve que detener mi movimiento de caderas y bajar los brazos.
Y era un amigo que no veía hace mucho tiempo -5 años según su cuenta- y apenas lo reconocí me quería enterrar. De hecho mi primera intención fue dar media vuelta y correr cual pato malo, pero su mano me contuvo.
- ¿Cómo estay?
- Bien ¿y tú? ¡Tanto tiempo!
- JAJA, ¿Venías bailando, cierto?
- Eeeee… es que vengo de la pega… bailo en el café con piernas de la esquina…
*.
¡Cara de raja! ¡Qué se cree la gente!
Rewind…
Ayer camina como siempre por Huérfanos –conectada a mi súper celular con radio- hacia mi oficina –escuchando una canción demasiado prendida que me traía sonriendo y bailando- y de la nada me gritan: ¡RIDÍCULA!
Es que me mata la canción “El señor de la ducha” de la radio HIT y siempre la ponen cuando yo ando en la calle!
Y en la parte “♪ Si quieres gozar, si quieres perrear, de camino al colegio la ducha te pone a vacilar ♪”, yo ya tengo mi propia versión aplicada a mi vida –que por la moral y las buenas costumbres no voy a publicar aquí- y sí, venía sonriente. Y bailando. Un poquito.
Para colmo en el medio de la canción sale el Nacho Godoy cantando “Limpiaparabrisas” y yo no lo puedo evitar: me sale el “sapito de agua, sapito de agua” casi por inercia. Ni hablar de “luces altas! luces bajas!”…
De hecho creo que venía en esa parte de la canción cuando escuché clarito el grito a unos metros de mí.
Me di vuelta a mirar al cretino que me había gritado con cara de “pasaste de una a mi escala del odio” (a nadie le gusta estar ahí, eh?) aunque obvio, primero tuve que detener mi movimiento de caderas y bajar los brazos.
Y era un amigo que no veía hace mucho tiempo -5 años según su cuenta- y apenas lo reconocí me quería enterrar. De hecho mi primera intención fue dar media vuelta y correr cual pato malo, pero su mano me contuvo.
- ¿Cómo estay?
- Bien ¿y tú? ¡Tanto tiempo!
- JAJA, ¿Venías bailando, cierto?
- Eeeee… es que vengo de la pega… bailo en el café con piernas de la esquina…
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sábado, 4 de agosto de 2007
Yo También Sufro!
Así le dije ayer a un “amigo” que es de esos lectores anónimos de mi blog, de los que me pregunta porqué no he escrito nada nuevo porque según él todas las mañanas lo abre, marca un número en mi contador de visitas y nunca postea. En fin.
Lo peor es que ayer me dice “es que igual Cote, tú tienes una vida muy light como se ve”… y yo me quedé plop. ¿Cómo que light? Soy una chica esforzada con una carrera a cuestas que nunca me gustó, estudiando por fin una que parece que es la mía y de noche, porque tengo que trabajar. O sea! Ya no carreteo como tú en la semana porque no me da el cuero (bueno, si me invitan a algo demasiado top me tomo una battery y estoy lista) pero en fin, no me las llevo peladas!
Y él dale que no, que obviamente mi vida era demasiado “livianita” porque mira como me río todo el rato y que mira las tonteras que escribes (aló? sólo yo le digo tonteras a mis tonteras!)… que sólo piensas en hombres y tonteras todo el día (no puedo ser perfecta!)… y que porqué mejor no escribo de cosas más interesantes…
Bah! Le pregunté qué era más interesante para él y me sale con que las guerras y la corrupción, que la pobreza y la delincuencia. Ok, obvio que todo eso es más importante, pero mi humilde blog busca sacar algunas risas y no catarsis colectivas para cambiar el mundo. Que por lo demás yo también sufro, que hay cosas que me dan una pena atroz y que de hecho llego a tal límite de llorona que hasta si se muere un animalito en la calle yo lloro y le hago su velorio digno, pero por favor! Todo es una cosa de actitud (últimamente para mí todo es cosa de actitud), que no puedo andar llorando por la vida, que si la encaro feliz soy mejor persona y no le ando cagando la vida a nadie.
Se queda callado un rato y me dice “es que tú te pasas los problemas sociales por la raja” y yo ahí a punto de explotar, en llanto incluso si no hubiera estado tan enojada. Es que obvio que hay hambre y pobreza, pero ya está bueno con la campaña del terror de “Aquí en vivo” y programas similares, que te juro que no quiero ver tantos balazos por minuto y que además me da un asco atroz que se muestre la Legua Emergencia como al lugar al que no hay que ir ni por si acaso, que el estigma social y la leyenda maldita; que de verdad se me caen mil lagrimones cuando muestran a los abuelitos que están solos en un hogar y ni sus hijos los van a ver, pero yo regaloneo mil a los míos y de verdad no saco nada con sufrir al otro lado de la tele. Y él me dice, “no, si yo sé que eres súper sensible, pero no quedas así en tu blog”.
¡Qué lata! Estoy todo el día metida en los tribunales leyendo expedientes, conozco dilemas personales horrorosos y más encima estoy métale informes a pepito y merenguito todo el día (me carga eso de fulano y sultano), que si no me comunico me llaman para que me comunique y les explique porqué no me comuniqué, es que no! tengo derecho a mi canita light al día, porque de verdad no puedo ser tan seria si tengo sólo 24 años y tú en verdad estás re amargado, que si me subo el ánimo comprándome ropa es cosa mía y que si coqueteo es porque es parte de mi esencia y que por último si te molesta que sea tan prendida mejor pregúntale a mis papás cómo me hicieron así porque yo no sé, y sabes qué más? Yo creo que necesitas unas vacaciones y que si decidiste ponerte depre día por medio mejor lee El Mercurio o busca un canal donde den la historia de África. En verdad, yo no estoy por eso.
Total, este blog es mío! Y es algo así como mi terapia y me encanta. Así que si no quiere, no vuelva!
(Pd: Si lees esto te aviso que te hice “Un Cote”, conocido en la jerga de guachominos santiaguinos como un “te bloquee del msn por jugoso”)
*.
Lo peor es que ayer me dice “es que igual Cote, tú tienes una vida muy light como se ve”… y yo me quedé plop. ¿Cómo que light? Soy una chica esforzada con una carrera a cuestas que nunca me gustó, estudiando por fin una que parece que es la mía y de noche, porque tengo que trabajar. O sea! Ya no carreteo como tú en la semana porque no me da el cuero (bueno, si me invitan a algo demasiado top me tomo una battery y estoy lista) pero en fin, no me las llevo peladas!
Y él dale que no, que obviamente mi vida era demasiado “livianita” porque mira como me río todo el rato y que mira las tonteras que escribes (aló? sólo yo le digo tonteras a mis tonteras!)… que sólo piensas en hombres y tonteras todo el día (no puedo ser perfecta!)… y que porqué mejor no escribo de cosas más interesantes…
Bah! Le pregunté qué era más interesante para él y me sale con que las guerras y la corrupción, que la pobreza y la delincuencia. Ok, obvio que todo eso es más importante, pero mi humilde blog busca sacar algunas risas y no catarsis colectivas para cambiar el mundo. Que por lo demás yo también sufro, que hay cosas que me dan una pena atroz y que de hecho llego a tal límite de llorona que hasta si se muere un animalito en la calle yo lloro y le hago su velorio digno, pero por favor! Todo es una cosa de actitud (últimamente para mí todo es cosa de actitud), que no puedo andar llorando por la vida, que si la encaro feliz soy mejor persona y no le ando cagando la vida a nadie.
Se queda callado un rato y me dice “es que tú te pasas los problemas sociales por la raja” y yo ahí a punto de explotar, en llanto incluso si no hubiera estado tan enojada. Es que obvio que hay hambre y pobreza, pero ya está bueno con la campaña del terror de “Aquí en vivo” y programas similares, que te juro que no quiero ver tantos balazos por minuto y que además me da un asco atroz que se muestre la Legua Emergencia como al lugar al que no hay que ir ni por si acaso, que el estigma social y la leyenda maldita; que de verdad se me caen mil lagrimones cuando muestran a los abuelitos que están solos en un hogar y ni sus hijos los van a ver, pero yo regaloneo mil a los míos y de verdad no saco nada con sufrir al otro lado de la tele. Y él me dice, “no, si yo sé que eres súper sensible, pero no quedas así en tu blog”.
¡Qué lata! Estoy todo el día metida en los tribunales leyendo expedientes, conozco dilemas personales horrorosos y más encima estoy métale informes a pepito y merenguito todo el día (me carga eso de fulano y sultano), que si no me comunico me llaman para que me comunique y les explique porqué no me comuniqué, es que no! tengo derecho a mi canita light al día, porque de verdad no puedo ser tan seria si tengo sólo 24 años y tú en verdad estás re amargado, que si me subo el ánimo comprándome ropa es cosa mía y que si coqueteo es porque es parte de mi esencia y que por último si te molesta que sea tan prendida mejor pregúntale a mis papás cómo me hicieron así porque yo no sé, y sabes qué más? Yo creo que necesitas unas vacaciones y que si decidiste ponerte depre día por medio mejor lee El Mercurio o busca un canal donde den la historia de África. En verdad, yo no estoy por eso.
Total, este blog es mío! Y es algo así como mi terapia y me encanta. Así que si no quiere, no vuelva!
(Pd: Si lees esto te aviso que te hice “Un Cote”, conocido en la jerga de guachominos santiaguinos como un “te bloquee del msn por jugoso”)
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