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miércoles, 9 de enero de 2008

Cuestión de Peso

Debo admitir que cuando vi la propaganda de este programa lo encontré harto patético.
O sea, la gente gordita sufre, entonces eso que los hicieran bailar con una polera que te recuerda todos los días cuánto pesas lo encontré atroz. Y que después los obligaran a pesarse frente a todo Chile en una balanza gigante… ¡macabro más encima! Para colmo, todos los doctores y nutricionistas que están en el panel tienen pinta de anoréxicos. O será el efecto de verlos al lado de los gorditos… no sé, pero pintaba para deprimente el tema.

Pero obviamente apenas pude vi un capítulo. Y me cargan estos programas tipo reallity. En verdad, me cargan porque yo me engancho, siempre me sé la vida de todos los participantes, sufro con ellos y les mando mensajes desde mi televisor como si me escucharan. Pero con estos gorditos es peor, hasta me he puesto a llorar con sus historias. Es que esa talla de que los gordos no ven por donde hacen pis es un pelo de la cola, al lado de una niña gordita que nunca ha dado un beso.
Atroz de macabro.

Me la sufro todo el programa y si estoy comiendo, dejo al tiro el plato de lado. Así como para solidarizar yo creo. Y olvídate de los dulces y otras cosas, si cuando voy comiendo un helado en la calle yo lo escondo de los gorditos. No porque crea que me lo van a quitar, como me dijeron una vez, sino porque en el programa dicen que no hay que tentarlos.

Hace poco dieron un especial del mórbido más mórbido del mundo. Y yo venía llegando de clases muerta de hambre y cansancio, así que me puse a comer en la cama tipo 11 de la noche. Pero cuando lo vi postrado en su cama por años me vino un ataque múltiple y dejé de comer, mientras le decía a mi mamá que yo nunca quería ser morbi, así que no me dejara comer nunca más. Obvio que me obligó igual, pero me estaba haciendo mal esto de deprimirme por comer, así que tuve que cambiar el canal no más.

Pero volviendo a “Cuestión de peso”, me acordé de este programa porque me junté con una guachi-amiga a almorzar y con todo esto del verano y los bikinis, nos hizo pasar de largo por los platos ricos y volcarnos por un “atún al plato”. Bueno, mi amiga anda harto más embalada que yo con el asunto y me contó que ella tenía su propio “Cuestión de peso” en la casa.

Y yo me atoré con la lechuga imaginándome al tío en la pesa.

Pero no, ella no más está participando y se tiene que pesar todos los días. Y yo la compadezco con el alma porque yo no me podría auto-infringir ese daño diariamente.
Lo más chistoso es que me cuenta que hace una semana la echaron – ¡de su propio concurso!- porque había subido de peso.
Y que se iba de vacaciones e iba a comer de todo igual no más, porque pensaba a la vuelta entrar a su programa por repechaje...

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jueves, 25 de octubre de 2007

Del Hombre Ideal (Y sus Profesiones)

Cuando era niña me quería casar con un doctor. Pediatra en lo posible. A esa edad quería tener 10 hijos también –no conocía de las estrías y esas cosas, ahora ya me espanté- y como mi sueño frustrado es haber sido pediatra, me dije: “Tate, ésta es la mía, me caso con uno y las consultas de mis 10 cabros chicos salen gratis”.
Pero después empecé a conocer a los doctores y no me gustaron tanto. De hecho un tío lejano que es doctor se lució en una once familiar contando su teoría de porqué los doctores siempre engañaban a sus esposas con las enfermeras, pasando por declaraciones de alto calibre del tipo las “múltiples y alucinantes noches de turno”, “dormir como 5 en una camilla” y “delantales ultra delgados y sin ropa abajo”.
Ok, muy morboso y yo no sirvo para cornuda en potencia, pensé, mientras veía a la pobre tía desatornillarse pegándole debajo de la mesa con un claro afán de que se callara.

Fue así como mi rango de médicos para el perfil del marido ideal comenzó a restringirse. Con esos datos descarté a todos los que hacen turnos y son cirujanos; de pasadita también a los ginecólogos, porque eso de que anden viendo tanta cosa no me provoca ninguna gracia y para colmo, son como la típica fantasía califa de la dueña de casa, así que no. Quedaban los que tienen consultas privadas del tipo oftalmólogo, que ahora no me sirve porque ya me operé mis lindos ojos, y ni hablar del dentista que el ruidito de la máquina esa me pone los pelos de punta.

Con el paso del tiempo empecé a centrar mi target en los ingenieros. ¿Por qué? Porque ya había tenido demasiada experiencia con los del área humanista y se me ocurrió que quería alguien cuadrado para que ordenara mi desordenada vida. Después de un historiador, un fotógrafo, periodistas varios e incluso un cuasi escritor, decidí que yo era más que suficiente para darle el toque lúdico a la relación. Dos era simplemente escandaloso.

Pero me aburrieron. Sobre todo el ingeniero informático que se creía digno de Fantasilandia al mostrarme la súper página que había levantado él solito, o que intentaba enseñarme – ¡a mí y a estas alturas de mi vida!- porqué el código html tenía que ser tan ordenado y guardarse en sub-carpetas cifradas (¿?).

Antes también me dio con los artistas y ése sí que es cuento aparte. Además de irse en voladas –literalmente-, descubrí que uno era proclive a meterse a una secta (todavía lo sigo buscando en la comunidad de Pirque) y el otro que es un actor, me superó al poco tiempo con sus aires de metro sexual que conocía más cremas para el rostro que yo. Ni hablar de cuando le dieron un papel –papelito- en la teleserie “Alguien te mira”. Por más que le repliqué que apurado lo vi decir tres frases completa en la famosa teleserie, él ya se creía de Hollywood. Y con uno que se crea la raja en la relación basta y sobra.

Por eso, cuando comencé a estudiar derecho, todos mis amigos me dijeron que ahora debía centrar en mi target en los abogados. Juez por último, les contesté, mira que todos los abogados que he conocido o están con el delirio de la justicia perfecta, o ya se corrompieron en el sistema.

Así que decidí que ya no me preocuparé más de las profesiones. Sólo quiero uno que se comporte como mi admirador secreto personal y exclusivo.
Con qué se gane la vida me importa un nabo, porque descubrí que tengo pésimo ojo para clasificarlos así.

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jueves, 23 de agosto de 2007

Quinceañera

Llevaba como 2 meses insistiéndole a mami que por favor me llevara a la dermatóloga como ella trabaja en una clínica le gusta chequear a todos los médicos entonces es un cacho, porque a todos los que elijo yo les encuentra un “pero”, así que mejor que ella decida- y la muy dale que dale con negarse! Porque según mami sólo hay dos cosas en mí dignas del doc, las otras se “deberían” pasarse solas.
Todo esto hasta el domingo. Porque ese día yo desesperada, con un acné digno de quinceañera, me acerqué a mostrarle sin maquillaje el horror que tenía en mi rostro. Puso cara de sorpresa y sin decirme nada, pidió ella misma la hora. Ja!

Así que ayer en la tarde fuimos juntas –si sé, soy muy regalona- y le dice a la doctora que “ni se había dado cuenta” porque yo me maquillo como si fuera actriz. Pero si yo trabajo con mi imagen! No puedo salir así la calle!”, dije excusándome. Primeras risas de la doctora que, yo creo, pensó que nos habíamos equivocado de consulta y teníamos que ir al siquiatra del lado.
La especialista en cuestión me miró con lupa y lanzó su veredicto “Ah no! Eso es por estrés!”. ¡Chuchis! Cómo si no tuviera problemas, ahora mi piel se pone rebelde! Pero la doc era re simpática y comenzamos a hablar de la vida la mía en verdad, mis malas costumbres, mis vicios y esas cosas- y eso hizo que a los 15 minutos con mami nos sintiéramos en confianza y cuando estamos así, se nota (sobre todo a ella)

Doctora: ¿Por qué estás estresada, María José? ¿Mucho trabajo?
Yo: Bueno, trabajo y estudio en la noche, así que sí, un poco estresada…
(De la nada)
Mamá: Pero yo le dije que ya debería darme un nieto…
Yo: ¡Pero mamá! (¡qué tiene que ver!)
Doctora: Sí, es tan lindo regalonear a los nietos (gracias!)
Mamá: Siiii!! Cierto?? (Ella con ojos al borde de las lágrimas y yo media trapicada)
Yo: Mamá, no. Hace tres años si quedaba embarazada era digna del destierro, y ahora que tengo un título tengo que ser máquina de bebés! (Schis!)
Mamá: Pero es que ahora puedes!! (Doble schis!)
Cote: Bah! Pero si tengo acné de quinceañera, soy una bebé todavía! Además en qué tiempo lo tengo!
Mamá: Yo lo cuido (Saaaa)
Cote: ¿Y me lo vas a criar también? (1-0)
Mamá: Obvio! (iguales)
Cote: Pucha, voy a tener que pedir un pololo prestado entonces, sino ¿cómo quieres que lo tenga?

Ahí la doctora se mató de risa e hizo entrar en sus cabales a mamá, “igual tiene razón, mejor cuando esté casada…” así que mi progenitora tuvo que quedarse con las ganas. En fin, cuento corto, tengo que tomar antibióticos no sé cuántos días, además de ungüentos y cremas varios, atroz.
Y de pasadita, me “recomendó” visitar a mi neurólogo. O sea, de que le dimos jugo, le dimos.

Pd: Mi amigo de la tesis no me creía mi trauma porque según él, no se me nota nada en mi carita.
(Nota mental: si me va mal como periodista y abogada, me queda al carrera de maquilladora profesional aún!)

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