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lunes, 3 de diciembre de 2007

Muy Chúcara

Según mi hermana está muy mal que yo le diga a la gente que es chúcara, porque ese término es para los animales. Un caballo puede ser chúcaro, una mula es realmente chúcara y así. No la mamá, por ejemplo.
Pero mamá es súper chúcara a veces. Cuando me reta y yo no le hago caso, yo le digo que llega a parecerse a Chucky de tan feo que me mira. Y me mira más feo.
Le digo que si yo me la encontrara en un callejón oscuro, saldría arrancando. Más chúcara se pone. Pero es por ratitos no más, el resto del tiempo la mamá es lo más dulce que hay.

Mi vecina sí que es demasiado chúcara y a tiempo completo. Nos ha hecho la vida imposible desde que llegamos al departamento. A mí me odia y eso que soy enferma de simpática.
Ella se transformó al judaísmo para casarse con un judío y como estaba en plena época de cambios, de pasadita aprovechó de cambiarse el nombre también. Y él la dejó porque es enferma de neurótica y con una hija que tiene como mi edad y recién salió del colegio. Con abogado nos soplaron.
Y nos obliga a decirle Jael, que es como su nombre religioso, pero las cartas le llegan a nombre de Juana o algo así, muy chileno en todo caso.
Y yo para reírme le digo: “Juana, te llegó carta” y ella me gruñe. The real chúcara.

El sábado celebramos el cumple de papá, que en realidad está de cumpleaños mañana. La pasamos demasiado bien y el fotógrafo oficial nos sacó cientos de fotos demasiado entretenidas, como cuando los obligué a todos a poner cara de sorpresa y cosas así. Lo único malo es que el fotógrafo oficial es mi tío favorito, que siempre me entrega las fotos como al cumpleaños siguiente, así que no prometo mostrarlas.
La cosa es que estábamos demasiado prendidos en el cumpleaños cuando la vecina de la casa del lado gritaba y gritaba en el portón. Yo bajé bien enojada porque me carga que griten y me cuenta: un auto estaba estacionado en la salida de autos de su casa y ella no podía ni entrar ni salir.

Y mis ojos brillaron: ¡era el auto del papá de la vecina chúcara!

Así que le dije que llamáramos al tiro no más a un inspector para que le pusieran un parte. Pero la vecina que es como súper mística, ora a la pachamama y todo eso me decía que no, porque íbamos a armar un lío. Y yo dale con dictarle sus derechos, que era un atropello que le taparan así la entrada, así que le presté mi celular y llamamos. A esas alturas estaba la mitad del cumpleaños en la calle y yo dale que dale con que se merecía un parte.

Y llegó el inspector. Miró la escena y como que le daba lata cursar un parte, porque más encima era re tarde y estaba la Teletón y todo eso. La vecina mística no sabía qué hacer y yo le insistía al inspector que era una falta de respeto, que así daba vergüenza vivir en su comuna así que se lo sacara no más, que si no, yo iba a reclamar.
Y se lo sacó.
Yo me reía sola y habría pagado por verle la cara a la Juana, alias Jael.

Me voy a ir al infierno, pero quedé feliz.
Porque la chúcara no sólo se quedó con un tonto parte de 30 lucas, sino que se lo pegamos al vidrio. Al medio del parabrisas.
Porque al inspector se “le olvidó” ponerlo y nosotros teníamos miedo de que se le perdiera. De puro buenos que somos.
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miércoles, 28 de noviembre de 2007

Yo me Creía Schumacher

A mí me encanta manejar.
El único trayecto al que le hago el quite es al centro de Santiago, porque los peatones tienen ese fenómeno de “oveja” que cuando uno cruza ¡todos le siguen! Sin importarles si están con rojo o no. Más encima en las calles del centro como que creen que todo es paso de peatón y nones: ¡por eso existen los semáforos!
Pero ellos no, llegan y se lanzan y me he quedado mil veces metida en medio de la calle porque ya me dio la luz roja y los peatones, todos tiernos, paseando…

Una vez una señora me gritó el tremendo garabato por haberme quedado ahí al medio y me golpeó el auto. Ultra agresiva. Y yo bajé el vidrio y le grité: “cómprate un auto, perica”.
Fue mi desquite macabro y le pedí a San Pedro que cerrara los ojos, porque lo vi echándome del cielo de una patada. Pero igual me sumé mil puntos, porque nadie me garabatea ni nadie le pega a “La Joyita”.

“La Joyita” es el auto. No sabemos cómo anda todavía si a cada rato le dan unos ataques como si quisiera irse al cementerio de los papús, así que lo tratamos con mucho cariño para que no nos deje en pana. Y cuando lo dejamos estacionado papá hace como que le pone alarma para alertar a los patos malos. Y eso que no tiene ni alarma.

Yo le digo que si a alguien se le ocurre robarse a “La Joyita”, le va a dar pena y lo más probable es que nos deje plata arriba del auto…

Pasé a buscar a mamá al trabajo y como que le da susto ir conmigo de copiloto. Apenas se sienta se cruza el cinturón de seguridad. Yo le digo que es enferma de miedosa si no pasa nada, pero cada cierto rato me dice que frene un poco.
Le indico la velocidad a la que voy y después la señaletica, que andamos de lo más coordinadas siempre. Me mira feo y sigue.
¿Vas apurada? No. Entonces porqué tan rápido. Mamá, es como soy como Schumacher, amo la velocidad y no puedo andar lento. Y quién es Schumacher. Mamá, si sabes quién es. Ya, pero él compite y le pagan por eso, a ti no.
Punto para ella. Freno un poco.

Pero ayer me piqué.

Pasó una viejita como de 90 años echa un bólido al lado mío, en un tremendo auto. Tan grande, que hasta “La Joyita” se ofendió. Schumacher se me había ido a las pailas, derrotada por la protagonista de “Los años dorados”.

Y estoy segura que la vieja me sacó la lengua cuando pasó rajada al lado mío.

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lunes, 19 de noviembre de 2007

Me Voy al Infierno Vegetal

Maté a la planta de la oficina.
Bueno ya… a las cuatro plantas que teníamos.
En realidad no es como que las haya tirado del 7º piso, ni las metí a la tina para acuchillarlas por sorpresa como en psicosis.
Como dijo papá: “Sólo las dejé morir”.

Y tuve que confesarme con mamá, que es la amante de las plantas que tiene convertido mi living en una selva. Y cuando le conté, me miró con cara de odio mientras yo le explicaba a la velocidad de la luz que admitía la culpa, que era una mala madre de vegetales, que sólo me acuerdo de alimentar al perro cuando me ladra y que las plantas ¡no ladraban! Que todo había partido con mi viaje a Mendoza, porque antes tenía una rutina para echarles agua, pero como allá hice de todo menos regar, lo había olvidado y de eso hace… varios días…

Y que por último yo no tenía toda la culpa, porque la planta que más muerta estaba, era la de la oficina de papá.

“¡¡¿Y qué tiene que ver eso?!!” me preguntó ella, como si fuera San Pedro Vegetal y quisiera lanzarme de una patada del cielo verde.

“Que papá fuma mucho entonces la planta ni podía respirar, la pobre estaba hasta asmática yo creo. Además, que él es muy estresado y la pobrecita recibía puras malas vibras todos los días. O sea, ¡no se murió solamente porque yo no le eché agua!”.
Y como le dio risa mi explicación, mamá me perdonó.

¡Pero yo temo que las plantas vengan a tirarme las patitas en la noche!

Así que las tengo en la UCI, aplicando agua por gotitas con algodones –como me obligó mamá- y hablándoles dulcemente.
Porque según la nueva defensora universal de esos seres verdes, hay que hablarles e incluso cantarles para que estén bien, cosa que además de encontrarla un tanto ridícula le dije que me quitaría mucho tiempo.
Pero ante esa mirada de fuego de mi progenitora que me culpa de asesina, no me quedó de otra que partir al nuevo cementerio vegetal a disculparme con ellas.
Ahora les canto también -esto de trabajar sola...- claro que sólo reggeaton, así que si salieron medias doctas en el tema musical, no le veo mucho futuro al tema.

Pd: Gracias por todos los saludos deseándome suerte! Me fue bien en todo así que ando más feliz que una perdiz, salvo por mi asesinato múltiple, claro…

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jueves, 23 de agosto de 2007

Quinceañera

Llevaba como 2 meses insistiéndole a mami que por favor me llevara a la dermatóloga como ella trabaja en una clínica le gusta chequear a todos los médicos entonces es un cacho, porque a todos los que elijo yo les encuentra un “pero”, así que mejor que ella decida- y la muy dale que dale con negarse! Porque según mami sólo hay dos cosas en mí dignas del doc, las otras se “deberían” pasarse solas.
Todo esto hasta el domingo. Porque ese día yo desesperada, con un acné digno de quinceañera, me acerqué a mostrarle sin maquillaje el horror que tenía en mi rostro. Puso cara de sorpresa y sin decirme nada, pidió ella misma la hora. Ja!

Así que ayer en la tarde fuimos juntas –si sé, soy muy regalona- y le dice a la doctora que “ni se había dado cuenta” porque yo me maquillo como si fuera actriz. Pero si yo trabajo con mi imagen! No puedo salir así la calle!”, dije excusándome. Primeras risas de la doctora que, yo creo, pensó que nos habíamos equivocado de consulta y teníamos que ir al siquiatra del lado.
La especialista en cuestión me miró con lupa y lanzó su veredicto “Ah no! Eso es por estrés!”. ¡Chuchis! Cómo si no tuviera problemas, ahora mi piel se pone rebelde! Pero la doc era re simpática y comenzamos a hablar de la vida la mía en verdad, mis malas costumbres, mis vicios y esas cosas- y eso hizo que a los 15 minutos con mami nos sintiéramos en confianza y cuando estamos así, se nota (sobre todo a ella)

Doctora: ¿Por qué estás estresada, María José? ¿Mucho trabajo?
Yo: Bueno, trabajo y estudio en la noche, así que sí, un poco estresada…
(De la nada)
Mamá: Pero yo le dije que ya debería darme un nieto…
Yo: ¡Pero mamá! (¡qué tiene que ver!)
Doctora: Sí, es tan lindo regalonear a los nietos (gracias!)
Mamá: Siiii!! Cierto?? (Ella con ojos al borde de las lágrimas y yo media trapicada)
Yo: Mamá, no. Hace tres años si quedaba embarazada era digna del destierro, y ahora que tengo un título tengo que ser máquina de bebés! (Schis!)
Mamá: Pero es que ahora puedes!! (Doble schis!)
Cote: Bah! Pero si tengo acné de quinceañera, soy una bebé todavía! Además en qué tiempo lo tengo!
Mamá: Yo lo cuido (Saaaa)
Cote: ¿Y me lo vas a criar también? (1-0)
Mamá: Obvio! (iguales)
Cote: Pucha, voy a tener que pedir un pololo prestado entonces, sino ¿cómo quieres que lo tenga?

Ahí la doctora se mató de risa e hizo entrar en sus cabales a mamá, “igual tiene razón, mejor cuando esté casada…” así que mi progenitora tuvo que quedarse con las ganas. En fin, cuento corto, tengo que tomar antibióticos no sé cuántos días, además de ungüentos y cremas varios, atroz.
Y de pasadita, me “recomendó” visitar a mi neurólogo. O sea, de que le dimos jugo, le dimos.

Pd: Mi amigo de la tesis no me creía mi trauma porque según él, no se me nota nada en mi carita.
(Nota mental: si me va mal como periodista y abogada, me queda al carrera de maquilladora profesional aún!)

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lunes, 13 de agosto de 2007

Loca de los Dichos

Mi mamá se crió en el campo, por así decirlo. No significa que llegó como Carmela a la capital, con trenzas y vestido a cuadros, sino que en esa época mi abuelo era muy high y tenía la senda casa patronal con mayordomo, sirvienta y mozo! ¿Qué tal? De los detalles de esta historia en todo caso nos vinimos a enterar hace muy poco, cuando de pasadita nos revelaron que mis abuelos eran tan pero tan high, que mi abuela aprendió a hacer la cama hace sólo unos años… y ni hablar de hacer el aseo.
En fin, pero mi abuelo fue como visionario para su época y estudió una carrera en la Universidad, y por ende, obligó a todos sus hijos a sacar carreras profesionales. Mi mamá, como buen ejemplo, es seca en lo que hace porque además tiene una especialidad bacán donde son muy pocas en Chile, y yo cada vez que la veo me acuerdo que debí haberle hecho caso y estudiar lo mismo que ella porque tendría la media pega ahora -porque todas las pegas increíbles y bien remuneradas se heredan-, pero según yo era buena para las letras… Ajajaja.

Pero a mi mamá la traiciona su pasado de campo. No lo puede evitar. Tiene una jerga pegada que yo encuentro hasta kitsch: ¡mi mamá es una loca de los dichos!
Para ella no existe ni siquiera el “Errar es humano, perdonar es divino”, Noooo!! El dicho va más encima con una connotación cuasi sexual propia del medio campestre: “Errar es humano, dijo el pato bajándose de la gallina… perdonar es divino, le dijo la gallina, salga pato o gallareta” (según ella eso se estila allá en el sure)
Lo peor de todo es que con estos dichos mi hermana y yo nos criamos, por lo tanto es usual encontrar entre nuestras respuestas habituales a cómo vamos en la U con un “¡Hasta aquí vamos bien! dijo el pavo en la puerta del horno”.
Según mi mamá no es para tanto y que nosotras le ponemos, que si hubiésemos conocido a la gente que ella conocía, ahí si que nos reiríamos –según ella le sube el pelo porque no habla cantado ¡pero igual!-. Aún así, si tiene que pelar a los hijos de una de sus amigas, la frase clásica que emplea es “La culpa no es del chancho, sino de quien le da afrecho”. Y si por alguna razón se siente un poco extra en algún lugar, no es capaz de decir eso sino que se siente “Como chancho en misa”.
Asimismo ella nunca está “preocupada”, sino que está “Como loro en el alambre” y si quiere hablar y nadie la deja, nos dice “Cuando un burro rebuzna, los demás paran la oreja” –si, caímos en un segundo a calidad de animalitos de campo-. Y si por si acaso discuto con mi hermana por algo que quiero y no ocupo mucho (todo lo podría ocupar algún día) me rebaja aún más diciendo “Eres como el perro del hortelano, no come ni deja comer”. Y ni hablar de vacas gordas y flacas –para ella ése debería ser término del ministro de economía exclusivamente-.

Pero lejos lo peor de todo es cuando me llegan a mí directamente los dichos. El otro día le presté plata y cuando se la fui a pedir de vuelta, me dijo “Cría cuervos y te sacarán los ojos” (Ajajaja). O sin ningún respeto me dice “Vamos arando dijo la mosca en el cacho del buey” cuando quiero hacerme acreedora de algo que, supuestamente, no hice. Y si se me llega a ocurrir discutirle algo que a ella le parece que es muy obvio, fijo que me dice “Déle con que las gallinas mean”.
Ok, ése sí necesitó explicación biológica porque yo pensé que sí meaban, pero como ella vivió con gallinas y yo no, no me queda de otra que creerle.

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