Cuando era niña me quería casar con un doctor. Pediatra en lo posible. A esa edad quería tener 10 hijos también –no conocía de las estrías y esas cosas, ahora ya me espanté- y como mi sueño frustrado es haber sido pediatra, me dije: “Tate, ésta es la mía, me caso con uno y las consultas de mis 10 cabros chicos salen gratis”.
Pero después empecé a conocer a los doctores y no me gustaron tanto. De hecho un tío lejano que es doctor se lució en una once familiar contando su teoría de porqué los doctores siempre engañaban a sus esposas con las enfermeras, pasando por declaraciones de alto calibre del tipo las “múltiples y alucinantes noches de turno”, “dormir como 5 en una camilla” y “delantales ultra delgados y sin ropa abajo”.
Ok, muy morboso y yo no sirvo para cornuda en potencia, pensé, mientras veía a la pobre tía desatornillarse pegándole debajo de la mesa con un claro afán de que se callara.
Fue así como mi rango de médicos para el perfil del marido ideal comenzó a restringirse. Con esos datos descarté a todos los que hacen turnos y son cirujanos; de pasadita también a los ginecólogos, porque eso de que anden viendo tanta cosa no me provoca ninguna gracia y para colmo, son como la típica fantasía califa de la dueña de casa, así que no. Quedaban los que tienen consultas privadas del tipo oftalmólogo, que ahora no me sirve porque ya me operé mis lindos ojos, y ni hablar del dentista que el ruidito de la máquina esa me pone los pelos de punta.
Con el paso del tiempo empecé a centrar mi target en los ingenieros. ¿Por qué? Porque ya había tenido demasiada experiencia con los del área humanista y se me ocurrió que quería alguien cuadrado para que ordenara mi desordenada vida. Después de un historiador, un fotógrafo, periodistas varios e incluso un cuasi escritor, decidí que yo era más que suficiente para darle el toque lúdico a la relación. Dos era simplemente escandaloso.
Pero me aburrieron. Sobre todo el ingeniero informático que se creía digno de Fantasilandia al mostrarme la súper página que había levantado él solito, o que intentaba enseñarme – ¡a mí y a estas alturas de mi vida!- porqué el código html tenía que ser tan ordenado y guardarse en sub-carpetas cifradas (¿?).
Antes también me dio con los artistas y ése sí que es cuento aparte. Además de irse en voladas –literalmente-, descubrí que uno era proclive a meterse a una secta (todavía lo sigo buscando en la comunidad de Pirque) y el otro que es un actor, me superó al poco tiempo con sus aires de metro sexual que conocía más cremas para el rostro que yo. Ni hablar de cuando le dieron un papel –papelito- en la teleserie “Alguien te mira”. Por más que le repliqué que apurado lo vi decir tres frases completa en la famosa teleserie, él ya se creía de Hollywood. Y con uno que se crea la raja en la relación basta y sobra.
Por eso, cuando comencé a estudiar derecho, todos mis amigos me dijeron que ahora debía centrar en mi target en los abogados. Juez por último, les contesté, mira que todos los abogados que he conocido o están con el delirio de la justicia perfecta, o ya se corrompieron en el sistema.
Así que decidí que ya no me preocuparé más de las profesiones. Sólo quiero uno que se comporte como mi admirador secreto personal y exclusivo.
Con qué se gane la vida me importa un nabo, porque descubrí que tengo pésimo ojo para clasificarlos así.
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jueves, 25 de octubre de 2007
martes, 21 de agosto de 2007
Nuevo Colega!
Hoy asistí a la defensa de tesis de uno de mis mejores amigos –yo, única invitada, me creía re top hasta que supe que fui para pasar las diapositivas, en fin…- quien desde hoy ya es periodista!!! Así que además de los abrazos y saltos varios que di cuando le dieron su nota final, después de llamar a toda su familia –que no sé porqué no los invitó si andaban todos como loros en el alambre, como dice mi mami-, me cuenta que en verdad estaba contento de salir del cacho no más, porque igual ya lleva trabajando harto (en una pega en que hace más veces de diseñador e informático que de periodista, entre nos) y que al final lo único distinto es que desde mañana mismo podía renunciar, ajaja, se cree todo bacán porque ya tiene su título.
En fin, en la presentación mi amigo estuvo seco. Además fue muy tierno porque al comenzar dijo: “Quiero darle las gracias a la señorita Cote Arriagada por haberse levantando tan temprano y acompañarme” (o sea, mínimo en todo caso, si me llevó de asistente!) Más encima yo iba “recomendada” de ir con falda, porque sí veía que la cosa andaba mal, tenía que aplicar “cruzada de piernas estratégica”, ajaja, así que los agradecimientos estaban más que merecidos.
Su tema era el marketing político y el feed-back que se produce entre los políticos y los medios periodísticos, los primeros para pasar su mensaje al público y los segundos para vender más. Y mi colega partió como caballo de carrera, sacando datos que ni yo conocía y con una dicción, puf, que yo no se la había visto ni con 4 piscolas en el cuerpo. De hecho tuve que atajarme porque le iba a tirar una talla sobre eso, pero se hubiera visto un poco mal encontré yo, porque nada que ver que la suche que pasaba las diapo se creyera Bombo Fica con cuatro profesores que lo estaban evaluando.
Y así, todo perfecto hasta la ronda de preguntas. El primero fue el profesor J.V., quien fue mi profesor guía de tesis allá por el 2005 y que como buen tata que es, se portó un siete y mi amigo zas y zas: le devolvió todas las preguntas! Ya con el segundo se empezó a complicar el tema, porque el profe M.P. –quien también evaluó mi tesis esa vez- es un poco enredado para preguntar. Pero pasó, y los dos suspiramos –yo estaba sentada en la mesa principal, la patuda- cuando llegó el turno de su profesora guía, porque esperábamos que le tirara el salvavidas.
Y nones. Primero se dio mil vueltas para preguntar algo muy sencillo; después le dice toda canchera que como él es periodista y tiene tanto bagaje en marketing después de la tesis, le resuelva una situación límite como si fuera asesor de Bachelet. Así, después de que mi amigo pasó de largo preparando el power point le hace aplicar la materia! Ajaja, casi nos morimos y además yo me sentía re inútil, porque obvio que no podía aplicar la cruzada de piernas con una profesora y lo único que quería era soplarle, pero si ya pensaba que se vería mal que tirara tallas, me imaginé que era un poquito peor que más encima tratara de hacerlas de ventrílocua. Menos mal que mi amigo sorteó ese problema y al fin salimos a esperar el veredicto. Ahí, comiéndonos las uñas y yo sintiéndome cada vez más vieja –no iba a la U hace dos años y veo puros pre-púberes!- Tate! Nos llaman y le avisan que pasó ¡y con mejor nota que su presentación incluso!
Así que felices, después de sus llamadas varias a la casa avisando que ya era profesional y tomando desayuno al fin –hasta a mí me dolía el colon- nos retiramos, él a seguir celebrando y yo de vuelta al trabajo. A la salida, me encontré con uno de mis guardias regalones de la U, esos que me cubrieron las espaldas un sinfín de veces, quienes me guardaban el polerón que yo insistía en dejar tirado en el patio y que trataron –infructuosamente- de dar con la chaqueta que me robaron hace varios años. Así que cuando lo vi no lo pude evitar y me despedí de beso y abrazo de él, mandándole saludos a todos los que conociera.
Mi amigo empieza a reírse de mí –para variar- y me dice que tengo el perfil de la Bachelet con eso de andar saludando a todos tan cordialmente.
“Bah! Pero si yo soy muy sociable y tierna con todos!”, le dije.
Y él, ya se cree con doctorado en marketing político.
¡¡¡Felicitaciones Mono!!!
*.
En fin, en la presentación mi amigo estuvo seco. Además fue muy tierno porque al comenzar dijo: “Quiero darle las gracias a la señorita Cote Arriagada por haberse levantando tan temprano y acompañarme” (o sea, mínimo en todo caso, si me llevó de asistente!) Más encima yo iba “recomendada” de ir con falda, porque sí veía que la cosa andaba mal, tenía que aplicar “cruzada de piernas estratégica”, ajaja, así que los agradecimientos estaban más que merecidos.
Su tema era el marketing político y el feed-back que se produce entre los políticos y los medios periodísticos, los primeros para pasar su mensaje al público y los segundos para vender más. Y mi colega partió como caballo de carrera, sacando datos que ni yo conocía y con una dicción, puf, que yo no se la había visto ni con 4 piscolas en el cuerpo. De hecho tuve que atajarme porque le iba a tirar una talla sobre eso, pero se hubiera visto un poco mal encontré yo, porque nada que ver que la suche que pasaba las diapo se creyera Bombo Fica con cuatro profesores que lo estaban evaluando.
Y así, todo perfecto hasta la ronda de preguntas. El primero fue el profesor J.V., quien fue mi profesor guía de tesis allá por el 2005 y que como buen tata que es, se portó un siete y mi amigo zas y zas: le devolvió todas las preguntas! Ya con el segundo se empezó a complicar el tema, porque el profe M.P. –quien también evaluó mi tesis esa vez- es un poco enredado para preguntar. Pero pasó, y los dos suspiramos –yo estaba sentada en la mesa principal, la patuda- cuando llegó el turno de su profesora guía, porque esperábamos que le tirara el salvavidas.
Y nones. Primero se dio mil vueltas para preguntar algo muy sencillo; después le dice toda canchera que como él es periodista y tiene tanto bagaje en marketing después de la tesis, le resuelva una situación límite como si fuera asesor de Bachelet. Así, después de que mi amigo pasó de largo preparando el power point le hace aplicar la materia! Ajaja, casi nos morimos y además yo me sentía re inútil, porque obvio que no podía aplicar la cruzada de piernas con una profesora y lo único que quería era soplarle, pero si ya pensaba que se vería mal que tirara tallas, me imaginé que era un poquito peor que más encima tratara de hacerlas de ventrílocua. Menos mal que mi amigo sorteó ese problema y al fin salimos a esperar el veredicto. Ahí, comiéndonos las uñas y yo sintiéndome cada vez más vieja –no iba a la U hace dos años y veo puros pre-púberes!- Tate! Nos llaman y le avisan que pasó ¡y con mejor nota que su presentación incluso!
Así que felices, después de sus llamadas varias a la casa avisando que ya era profesional y tomando desayuno al fin –hasta a mí me dolía el colon- nos retiramos, él a seguir celebrando y yo de vuelta al trabajo. A la salida, me encontré con uno de mis guardias regalones de la U, esos que me cubrieron las espaldas un sinfín de veces, quienes me guardaban el polerón que yo insistía en dejar tirado en el patio y que trataron –infructuosamente- de dar con la chaqueta que me robaron hace varios años. Así que cuando lo vi no lo pude evitar y me despedí de beso y abrazo de él, mandándole saludos a todos los que conociera.
Mi amigo empieza a reírse de mí –para variar- y me dice que tengo el perfil de la Bachelet con eso de andar saludando a todos tan cordialmente.
“Bah! Pero si yo soy muy sociable y tierna con todos!”, le dije.
Y él, ya se cree con doctorado en marketing político.
¡¡¡Felicitaciones Mono!!!
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domingo, 19 de agosto de 2007
Especialista en Farándula
Como algunos saben soy Periodista, carrera de la cual he renegado desde el primer año en la universidad pero que por cosas de la vida –muy extras y muy tristes para este blog- no me cambié y me titulé igual. La cosa es que a un año de egresada se me prendió la ampolletita que me dijo que la justicia era lo mío.
Así, tal cual.
O sea, en mis sueños actuados tengo la imagen de súper-heroína, escalando los edificios de Santiago y dejando tirados en el piso a todos los patos malos de Paseo Ahumada, partiendo por los que hacen el juego de “Pepito paga doble” (de los cuales me desquito gritándoles: “¡son todos palos blancos!” y después arranco) y terminando con los que miran más mi cartera que a mí cuando salgo todas las tardes de la oficina. Pero igual mi fanatismo no es para tanto, así que comencé a estudiar Derecho no más –y me evito de pasadita ocupar esas mallas ajustadas tan poco sentadoras tipo chica maravilla-.
En fin, la cosa es que hay un ramo del cual me enteré esta semana que no me convalidaron (/&%·”/)&F$&%) y que tengo que hacer aunque no quiera porque yo ya lo hice!: derecho político. Y yo ya voy prejuiciada, que yo sé mucho de política y que mira cómo está ahora nuestra democracia y el sistema binominal así que para qué vamos a discutir, que los contactualistas están pasados de moda y que en verdad, a mí ya no me interesa la arena política hasta que salga el partido de Flores y yo me tire como la concejal más enchulada (como ya expliqué aquí)
En fin, un compañero me dijo que el profesor de dicha cátedra, además de ser latero y de no modular, interroga a todos los alumnos sobre “actualidad” –palabra que no escuchaba desde 1º año de periodismo- y que por ende, debía leer los diarios todos los días.
Bah! Me dijeron todos ¡pero a ti te va a salir muy fácil, si tú eres periodista!
Y a mí primero me dio ataque múltiple de risa, porque en verdad aparte de LUN leo re pocas noticias. Después me dio ataque de espanto al pelo, porque qué vergüenza ostentar de dicho título y ser ignorante del quehacer nacional. Y por último opté por el silencio y secretamente le dije a mamá que debía suscribirme, again, a El Mercurio los fines de semana. Para hacer la parada por lo menos.
Porque si el profe en cuestión me pregunta con quién ha salido Carla Ochoa, soy capaz de hacerle un power point y desplegar un discurso de media hora con fotos y un resumen de su libro incluido. Lo mismo si me interroga sobre las consecuencias del Boloccazzo o me pide un paralelo entre modelos y futbolistas.
¿Pero de actualidad?
Y sé que a la primera interrogación todos van a decir: “pregúntele a ella que es periodista” con todos sus dedos apuntando mi rostro y ahí voy a quedar yo, obligada a salir del paso con las miles de palabra por minuto que me caracterizan. Y le voy a decir lo que nos repiten todos los profesores de mi primera carrera: “El periodista tiene un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad”, ergo, existe la llamada “especialización”, porque no puedo ser seca en todo! y en definitiva la verdad es que yo me especialicé en farándula y que si no le gusta para su ramo profesor, mala suerte, porque si usted pretende preguntarme sobre las últimas elecciones en USA en verdad parecería promotora de Zuko, pero si me pregunta quién es la última famosa de ese país que entró a la clínica de rehabilitación, yo me paro y le contesto: ¡Lindsay Lohan!. Y me debería dar un 7.0 igual, porque la verdad, en mi especialización soy de las mejores.
Atroz. Ni yo misma me convenzo. Obligada a empezar a leer de adelante para atrás los diarios, y no al revés, como ya estaba acostumbrada…
*.
Así, tal cual.
O sea, en mis sueños actuados tengo la imagen de súper-heroína, escalando los edificios de Santiago y dejando tirados en el piso a todos los patos malos de Paseo Ahumada, partiendo por los que hacen el juego de “Pepito paga doble” (de los cuales me desquito gritándoles: “¡son todos palos blancos!” y después arranco) y terminando con los que miran más mi cartera que a mí cuando salgo todas las tardes de la oficina. Pero igual mi fanatismo no es para tanto, así que comencé a estudiar Derecho no más –y me evito de pasadita ocupar esas mallas ajustadas tan poco sentadoras tipo chica maravilla-.
En fin, la cosa es que hay un ramo del cual me enteré esta semana que no me convalidaron (/&%·”/)&F$&%) y que tengo que hacer aunque no quiera porque yo ya lo hice!: derecho político. Y yo ya voy prejuiciada, que yo sé mucho de política y que mira cómo está ahora nuestra democracia y el sistema binominal así que para qué vamos a discutir, que los contactualistas están pasados de moda y que en verdad, a mí ya no me interesa la arena política hasta que salga el partido de Flores y yo me tire como la concejal más enchulada (como ya expliqué aquí)
En fin, un compañero me dijo que el profesor de dicha cátedra, además de ser latero y de no modular, interroga a todos los alumnos sobre “actualidad” –palabra que no escuchaba desde 1º año de periodismo- y que por ende, debía leer los diarios todos los días.
Bah! Me dijeron todos ¡pero a ti te va a salir muy fácil, si tú eres periodista!
Y a mí primero me dio ataque múltiple de risa, porque en verdad aparte de LUN leo re pocas noticias. Después me dio ataque de espanto al pelo, porque qué vergüenza ostentar de dicho título y ser ignorante del quehacer nacional. Y por último opté por el silencio y secretamente le dije a mamá que debía suscribirme, again, a El Mercurio los fines de semana. Para hacer la parada por lo menos.
Porque si el profe en cuestión me pregunta con quién ha salido Carla Ochoa, soy capaz de hacerle un power point y desplegar un discurso de media hora con fotos y un resumen de su libro incluido. Lo mismo si me interroga sobre las consecuencias del Boloccazzo o me pide un paralelo entre modelos y futbolistas.
¿Pero de actualidad?
Y sé que a la primera interrogación todos van a decir: “pregúntele a ella que es periodista” con todos sus dedos apuntando mi rostro y ahí voy a quedar yo, obligada a salir del paso con las miles de palabra por minuto que me caracterizan. Y le voy a decir lo que nos repiten todos los profesores de mi primera carrera: “El periodista tiene un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad”, ergo, existe la llamada “especialización”, porque no puedo ser seca en todo! y en definitiva la verdad es que yo me especialicé en farándula y que si no le gusta para su ramo profesor, mala suerte, porque si usted pretende preguntarme sobre las últimas elecciones en USA en verdad parecería promotora de Zuko, pero si me pregunta quién es la última famosa de ese país que entró a la clínica de rehabilitación, yo me paro y le contesto: ¡Lindsay Lohan!. Y me debería dar un 7.0 igual, porque la verdad, en mi especialización soy de las mejores.
Atroz. Ni yo misma me convenzo. Obligada a empezar a leer de adelante para atrás los diarios, y no al revés, como ya estaba acostumbrada…
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