Soy fanática de ese programa del cable en el cual dos inglesas le dicen a las pobres dueñas de casa cómo vestirse mejor, con el fin de que reconquisten al marido y/o los hijos dejen de pasar vergüenza cuando los va a buscar al colegio.
En todo caso, las mujeres que necesitan del cambio de look en ese programa son bien extremas. Todas aparentan mínimo 10 años de más, se visten con géneros dignos de cortinas y si no salen con el gorro de baño puesto es sólo porque alguien les sopló que se veía mal. O sea francamente, casos perdidos en el tema de la moda.
A mi hermana también le encanta el programa porque según ella, dan muy buenos “tips” de moda. Ahora le dio con que los jeans tienen que tener la parte central desgastada, para que las piernas se vean más delgadas y cosas así. Aunque yo no comulgo tanto con los mandamientos de las inglesas –que entre nos, la flaca se viste regio y la gordita siempre se ve más gordita, o sea, ni ella se hace caso- sí respeto algunos como no vestirme entera de blanco, porque eso me provoca complejos de Moby-Dick y vuelvo depre a la casa de tanto verme en los espejos.
Yo sufrí con el tema de la moda. Recuerdo que mi mamá sólo me dejó romper unas fotografías de mis tiernas 13 primaveras cuando le eché en cara que dónde estaba ella, que me había dejado salir de la casa con patas fucsias y polera calipso.
¡Y más encima que me dejara sacarme fotos con esa tenida!
Ni pensar en la moda de las calzas con el talón dentro de la zapatilla y un polerón arriba. ¡Qué cuestión más antiestética!. Todavía pienso que sólo un mentalista me hará olvidar esa época en que se llevaba la chasquilla parada con molde de cono…
Ayer andaba en mis típicos trámites en el centro de Santiago -donde una de las cosas más entretenidas es pasar a vitrinear a cada rato- cuando me asomo a una gran tienda azuzada por un inmenso letrero de “50% off”. Y a mí que me cuesta decir que “no” en todo orden de cosas, con las ofertas sí que me admito caso perdido, así que entré.
Cautivada por un bello vestido, agarro la talla y parto al vestidor, cruzando los dedos para que mi papi-jefe se demorara en regresar y yo pudiera llegar a esconder la famosa bolsa.
Y ahí la veo: ¡Una señora con el mismo vestido que yo había escogido!
No es por pelar, pero primero el vestido no le iba a entrar. Segundo, el color era muy llamativo y ese teñido tipo taxi desentonaba totalmente. Ni siquiera hablaré de los zapatos que andaba trayendo. Miré a la amiga que llevaba un look similar y pensé: “Yo me haría millonaria haciendo un No Te Lo Pongas chileno”.
Salió del vestidor, media morada de tanto aguantarse la respiración y miró a la amiga, quien le dijo que se veía regia – ¡la media referencia!-.
Y yo lo único que quería es que me prestaran un micrófono en la tienda para gritarle: “¡No te lo pongas!”.
Pero se lo puso y se lo compró más encima. Y yo me fui maldiciendo, porque nica me compraba el mismo vestido que esa señora, para que alguien nos viera juntas y dijera que tenemos el mismo gusto para vestirnos.
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martes, 23 de octubre de 2007
lunes, 1 de octubre de 2007
Isolda Noctámbula
Soy sonámbula desde que tengo uso de razón. Situación que provocó por lo demás varias risas cuando llegaba dormida, muy pequeña aún, a la pieza de mis papás a ofrecerlas cosas, salía de mi cama a recorrer la casa o simplemente despertaba a mi hermana con mis diálogos incoherentes. En realidad, ella es la única a la que no le da gracia el temita, porque me dice casi todas las mañanas que la asusté en medio de la noche con un tremendo grito, o que despierta cuando siente que estoy muy cerca de ella mirándola (y dormida!) bien raro…
Yo le he explicado que si le hablo tanto debe ser por todo lo que la quiero y que no puedo dejar de comunicarme con ella ni en sueños, pero el susto que le dio cuando la otra vez “le pasé a pegar” –fue sin querer- porque me estaba vistiendo dormida así como para salir tipo 3 de la mañana, no se lo quita nadie.
De hecho a mí me encanta ser sonámbula y tener somniloquia -hablar dormida-, porque creo que tengo muchas cosas que comunicar y que definitivamente el día se me hace corto, entonces, mi cerebro se niega a dormirse.
Hace tiempo un psicólogo me dijo que el sonambulismo no era tan genial como yo lo pintaba, porque finalmente no dejaba a mi mente descansar y que podía deberse a muchos traumas. Y si hay algo que yo no soy es traumada, así que nos trenzamos en una dura discusión, donde él me tiraba a Nietzsche y Freud por la cabeza como ametralladora, mientras yo le respondía que proceso muchas ideas por minuto, que mi escasa capacidad de concentración sólo se debe a que me encanta divagar y que por último, qué sabía él si a mí me encantaba ser sonámbula.
Sí, porque lo encuentro de una extravagancia que me hace más especial aún. Ja!
El único problema del sonambulismo es que cuando no duermo sola, estoy preocupada de lo que dirá mi inconciente. Incluso, una vez de paseo en la playa con unos amigos, éstos se turnaron para interrogarme dormida. Afortunadamente, y pese a una que otra cuota de alcohol en mi sangre, me porté como toda una señorita y no dejé salir ninguno de mis escabrosos secretos.
También me pasó con un ex que, escandalizado con mi vida noctámbula, me despertó para amenazarme con irse de la pieza si yo seguía hablando tonteras. Y después supe que todo su enojo era porque le pareció escuchar que yo llamaba a otro hombre entre sueños, pero me defendí como gato de espaldas y salí airosa.
Porque, o sea, si esas cosas no las comento ni curada, ¡menos dormida!
*.
Pd: Necesitamos su apoyo, pareja número 1, vote aquí!
Yo le he explicado que si le hablo tanto debe ser por todo lo que la quiero y que no puedo dejar de comunicarme con ella ni en sueños, pero el susto que le dio cuando la otra vez “le pasé a pegar” –fue sin querer- porque me estaba vistiendo dormida así como para salir tipo 3 de la mañana, no se lo quita nadie.
De hecho a mí me encanta ser sonámbula y tener somniloquia -hablar dormida-, porque creo que tengo muchas cosas que comunicar y que definitivamente el día se me hace corto, entonces, mi cerebro se niega a dormirse.
Hace tiempo un psicólogo me dijo que el sonambulismo no era tan genial como yo lo pintaba, porque finalmente no dejaba a mi mente descansar y que podía deberse a muchos traumas. Y si hay algo que yo no soy es traumada, así que nos trenzamos en una dura discusión, donde él me tiraba a Nietzsche y Freud por la cabeza como ametralladora, mientras yo le respondía que proceso muchas ideas por minuto, que mi escasa capacidad de concentración sólo se debe a que me encanta divagar y que por último, qué sabía él si a mí me encantaba ser sonámbula.
Sí, porque lo encuentro de una extravagancia que me hace más especial aún. Ja!
El único problema del sonambulismo es que cuando no duermo sola, estoy preocupada de lo que dirá mi inconciente. Incluso, una vez de paseo en la playa con unos amigos, éstos se turnaron para interrogarme dormida. Afortunadamente, y pese a una que otra cuota de alcohol en mi sangre, me porté como toda una señorita y no dejé salir ninguno de mis escabrosos secretos.
También me pasó con un ex que, escandalizado con mi vida noctámbula, me despertó para amenazarme con irse de la pieza si yo seguía hablando tonteras. Y después supe que todo su enojo era porque le pareció escuchar que yo llamaba a otro hombre entre sueños, pero me defendí como gato de espaldas y salí airosa.
Porque, o sea, si esas cosas no las comento ni curada, ¡menos dormida!
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lunes, 13 de agosto de 2007
Loca de los Dichos
Mi mamá se crió en el campo, por así decirlo. No significa que llegó como Carmela a la capital, con trenzas y vestido a cuadros, sino que en esa época mi abuelo era muy high y tenía la senda casa patronal con mayordomo, sirvienta y mozo! ¿Qué tal? De los detalles de esta historia en todo caso nos vinimos a enterar hace muy poco, cuando de pasadita nos revelaron que mis abuelos eran tan pero tan high, que mi abuela aprendió a hacer la cama hace sólo unos años… y ni hablar de hacer el aseo.
En fin, pero mi abuelo fue como visionario para su época y estudió una carrera en la Universidad, y por ende, obligó a todos sus hijos a sacar carreras profesionales. Mi mamá, como buen ejemplo, es seca en lo que hace porque además tiene una especialidad bacán donde son muy pocas en Chile, y yo cada vez que la veo me acuerdo que debí haberle hecho caso y estudiar lo mismo que ella porque tendría la media pega ahora -porque todas las pegas increíbles y bien remuneradas se heredan-, pero según yo era buena para las letras… Ajajaja.
Pero a mi mamá la traiciona su pasado de campo. No lo puede evitar. Tiene una jerga pegada que yo encuentro hasta kitsch: ¡mi mamá es una loca de los dichos!
Para ella no existe ni siquiera el “Errar es humano, perdonar es divino”, Noooo!! El dicho va más encima con una connotación cuasi sexual propia del medio campestre: “Errar es humano, dijo el pato bajándose de la gallina… perdonar es divino, le dijo la gallina, salga pato o gallareta” (según ella eso se estila allá en el sure)
Lo peor de todo es que con estos dichos mi hermana y yo nos criamos, por lo tanto es usual encontrar entre nuestras respuestas habituales a cómo vamos en la U con un “¡Hasta aquí vamos bien! dijo el pavo en la puerta del horno”.
Según mi mamá no es para tanto y que nosotras le ponemos, que si hubiésemos conocido a la gente que ella conocía, ahí si que nos reiríamos –según ella le sube el pelo porque no habla cantado ¡pero igual!-. Aún así, si tiene que pelar a los hijos de una de sus amigas, la frase clásica que emplea es “La culpa no es del chancho, sino de quien le da afrecho”. Y si por alguna razón se siente un poco extra en algún lugar, no es capaz de decir eso sino que se siente “Como chancho en misa”.
Asimismo ella nunca está “preocupada”, sino que está “Como loro en el alambre” y si quiere hablar y nadie la deja, nos dice “Cuando un burro rebuzna, los demás paran la oreja” –si, caímos en un segundo a calidad de animalitos de campo-. Y si por si acaso discuto con mi hermana por algo que quiero y no ocupo mucho (todo lo podría ocupar algún día) me rebaja aún más diciendo “Eres como el perro del hortelano, no come ni deja comer”. Y ni hablar de vacas gordas y flacas –para ella ése debería ser término del ministro de economía exclusivamente-.
Pero lejos lo peor de todo es cuando me llegan a mí directamente los dichos. El otro día le presté plata y cuando se la fui a pedir de vuelta, me dijo “Cría cuervos y te sacarán los ojos” (Ajajaja). O sin ningún respeto me dice “Vamos arando dijo la mosca en el cacho del buey” cuando quiero hacerme acreedora de algo que, supuestamente, no hice. Y si se me llega a ocurrir discutirle algo que a ella le parece que es muy obvio, fijo que me dice “Déle con que las gallinas mean”.
Ok, ése sí necesitó explicación biológica porque yo pensé que sí meaban, pero como ella vivió con gallinas y yo no, no me queda de otra que creerle.
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En fin, pero mi abuelo fue como visionario para su época y estudió una carrera en la Universidad, y por ende, obligó a todos sus hijos a sacar carreras profesionales. Mi mamá, como buen ejemplo, es seca en lo que hace porque además tiene una especialidad bacán donde son muy pocas en Chile, y yo cada vez que la veo me acuerdo que debí haberle hecho caso y estudiar lo mismo que ella porque tendría la media pega ahora -porque todas las pegas increíbles y bien remuneradas se heredan-, pero según yo era buena para las letras… Ajajaja.
Pero a mi mamá la traiciona su pasado de campo. No lo puede evitar. Tiene una jerga pegada que yo encuentro hasta kitsch: ¡mi mamá es una loca de los dichos!
Para ella no existe ni siquiera el “Errar es humano, perdonar es divino”, Noooo!! El dicho va más encima con una connotación cuasi sexual propia del medio campestre: “Errar es humano, dijo el pato bajándose de la gallina… perdonar es divino, le dijo la gallina, salga pato o gallareta” (según ella eso se estila allá en el sure)
Lo peor de todo es que con estos dichos mi hermana y yo nos criamos, por lo tanto es usual encontrar entre nuestras respuestas habituales a cómo vamos en la U con un “¡Hasta aquí vamos bien! dijo el pavo en la puerta del horno”.
Según mi mamá no es para tanto y que nosotras le ponemos, que si hubiésemos conocido a la gente que ella conocía, ahí si que nos reiríamos –según ella le sube el pelo porque no habla cantado ¡pero igual!-. Aún así, si tiene que pelar a los hijos de una de sus amigas, la frase clásica que emplea es “La culpa no es del chancho, sino de quien le da afrecho”. Y si por alguna razón se siente un poco extra en algún lugar, no es capaz de decir eso sino que se siente “Como chancho en misa”.
Asimismo ella nunca está “preocupada”, sino que está “Como loro en el alambre” y si quiere hablar y nadie la deja, nos dice “Cuando un burro rebuzna, los demás paran la oreja” –si, caímos en un segundo a calidad de animalitos de campo-. Y si por si acaso discuto con mi hermana por algo que quiero y no ocupo mucho (todo lo podría ocupar algún día) me rebaja aún más diciendo “Eres como el perro del hortelano, no come ni deja comer”. Y ni hablar de vacas gordas y flacas –para ella ése debería ser término del ministro de economía exclusivamente-.
Pero lejos lo peor de todo es cuando me llegan a mí directamente los dichos. El otro día le presté plata y cuando se la fui a pedir de vuelta, me dijo “Cría cuervos y te sacarán los ojos” (Ajajaja). O sin ningún respeto me dice “Vamos arando dijo la mosca en el cacho del buey” cuando quiero hacerme acreedora de algo que, supuestamente, no hice. Y si se me llega a ocurrir discutirle algo que a ella le parece que es muy obvio, fijo que me dice “Déle con que las gallinas mean”.
Ok, ése sí necesitó explicación biológica porque yo pensé que sí meaban, pero como ella vivió con gallinas y yo no, no me queda de otra que creerle.
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