Porque por más que le hice la pata al Viejito Pascuero en mi carta, no pasó nada.
Y cuando yo esperaba encontrarme con un guachón con el cuerpo de Chayanne, vestido sólo con papel celofán y esperándome bajo del árbol navideño: NADA.
El viejito es una súper estafa.
Pero además de eso me creo Gurú. Qué mentalista de Chimbarongo, ni Ayún ni nada: Con el catálogo de los “casos clínicos” di con la verdad de la milanesa.
Fui a almorzar el “de patio” número 2 y sólo acepté porque me encanta que me inviten, no porque sea malvada. Sólo puedo decir que mi análisis no pudo estar más acertado: Si yo fuera su polola me pego un tiro. O me lanzo al Mapocho, pero abrazando un armario de 2 cuerpos. Algo bien drástico de todos modos.
Y a mí, como que cada día me gusta más estar soltera…
Pero como me siento The Real Gurú – ¡tiembla Bomba!- y para reivindicar a los guachones porque no Les odio, también escribiré algunas de las cosas que me gustan de ellos:
1. Cuando se dejan la barba de dos días
¿Hay máquinas que dejen la barba así siempre? Es que no me gusta ni el estilo Osama ni los “potito de guagua”. Esa barba como crecida es demasiado sexy y hace cosquillas al besarlos. 10 puntos al tiro.
2. Guachón Peludo
Pero nunca monos, que todavía tengo pesadillas con una teleserie donde se veía a Bastián Bodenhofer saliendo de la piscina: ¡con un koala pegado en la espalda! Guacala, ahí yo aplicaría cera de una, pero en un nivel decente se ven demasiado varoniles.
3. Pelo corto
Afrontémoslo, a los chicos les queda el pelo corto no más. Al único guachón al que le queda bien el pelo largo es a Camiroaga, pero es que ése no tiene arreglo: Es tan pero tan mino, que se viste de huaso y yo igual me casaría con él: así de mino.
4. “Saliendo de la Ducha”
Yo debo ser muy turbia, pero cada vez que veo a un guachón con el pelo mojado me paso la mejor de las teleseries. O sea, yo “Le amé” a Chayanne cuando hizo un video clip con lluvia, debe estar por ahí el tema. Lo encuentro demasiado sexy. 50 puntos.
5. Voz de Hombre
Porque hay pocas cosas más mata-pasiones que los con “voz de pito”. Una vez salí con un guachón que abría la boca y me dejaba sorda. Y no me acuerdo de nada de lo que hablamos porque yo sólo pensaba dónde estaba el botón “mute”. Macabro. Pero los con voz varonil son sexys y provocan hasta que te canten una canción al oído.
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¡Feliz Navidad para Todos los que pasan por aquí!
Y si al igual que a mí, no les llegó el regalo que le pidieron a la “estafa con patas” del viejito pascuero, podemos ir juntos a protestar. E ir a secuestrarle a Rudolph el próximo año.
Pd: Igual recibí un regalo “personal” muy bello para navidad. ¡Besos exclusivos para ti!
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miércoles, 26 de diciembre de 2007
jueves, 6 de diciembre de 2007
¡Campaña Navideña Paternitas!
Hace más de 10 años se creó la Fundación Paternitas, que acoge a los hijos de padres y madres que están en la cárcel, quienes en la mayoría de las ocasiones pierden la custodia de sus hijos y otras tantas, no tienen con quién dejarlos.
Hace algunos años, con un grupo de amigos visitábamos a los niños, inventábamos juegos y actividades los fines de semana, con la idea de devolverles un poco la niñez que muchas veces le han quitado -con problemas que no les son propios- pero que los han hecho madurar con demasiado dolor de por medio.
Paternitas hace una labor increíble con los niños. Les procura de una educación insertándolos en los pocos colegios que los reciben, les dan un hogar muy cálido, además de preocuparse de todas sus comidas y atenciones médicas.
Con todo esto buscan “Romper el círculo de la delincuencia”, donde muchas veces están insertos y sin posibilidades de salir.
Los niños de Paternitas son como todos los niños que conocemos, muy inteligentes y maduros para su edad. Sin embargo, no pierden las ilusiones propias de la infancia como es recibir un regalo de navidad.
Por eso, el Club de Lulú por tercer año consecutivo, ha comenzado la campaña de navideña para dar un regalo a todos los niños de la fundación. Este año necesitamos estos regalos:
Para los NIÑOS:
De 5 a 7 años: 9 regalos
De 8 a 10 años: 14 regalos
De 11 y 12 años: 14 regalos
Para las NIÑAS:
De 5 a 7 años: 8 regalos
De 8 a 10 años: 14 regalos
De 11 y 12 años: 11 regalos
Son 70 regalos en total. Pueden colaborar con esta campaña entregando uno de estos regalos o aportando dinero a la cuenta que está en la página del Club. Lo ideal es que los regalos sean entre 3.000 y 4.000 pesos. La única motivación es poder entregarles a estos niños una navidad bonita como la que sueñan todos.
Por eso invito a todos los que vienen para acá para que nos ayuden en esta hermosa campaña, avisando a sus conocidos también.
Si tiene regalos que quieran entregar, sólo avísenme al correo que sale en mi perfil o a través de un post acá, que yo los puedo ir a retirar sin ningún problema. Ojalá muchos se motiven con esto y se pongan las pilas pronto, pues debemos contar con los regalos antes de la navidad obviamente.
No olviden que son niños como los que tenemos en nuestras familias y que se merecen una navidad bonita como la que todos deseamos para nuestros hijos.
Es demasiado fácil colaborar y la recompensa es inmensa.
Pd: Gracias a mis amigos Andrés, Tania y Julio, que ya se comprometieron con sus regalitos!
*.
Hace algunos años, con un grupo de amigos visitábamos a los niños, inventábamos juegos y actividades los fines de semana, con la idea de devolverles un poco la niñez que muchas veces le han quitado -con problemas que no les son propios- pero que los han hecho madurar con demasiado dolor de por medio.
Paternitas hace una labor increíble con los niños. Les procura de una educación insertándolos en los pocos colegios que los reciben, les dan un hogar muy cálido, además de preocuparse de todas sus comidas y atenciones médicas.
Con todo esto buscan “Romper el círculo de la delincuencia”, donde muchas veces están insertos y sin posibilidades de salir.
Los niños de Paternitas son como todos los niños que conocemos, muy inteligentes y maduros para su edad. Sin embargo, no pierden las ilusiones propias de la infancia como es recibir un regalo de navidad.
Por eso, el Club de Lulú por tercer año consecutivo, ha comenzado la campaña de navideña para dar un regalo a todos los niños de la fundación. Este año necesitamos estos regalos:
Para los NIÑOS:
De 5 a 7 años: 9 regalos
De 8 a 10 años: 14 regalos
De 11 y 12 años: 14 regalos
Para las NIÑAS:
De 5 a 7 años: 8 regalos
De 8 a 10 años: 14 regalos
De 11 y 12 años: 11 regalos
Son 70 regalos en total. Pueden colaborar con esta campaña entregando uno de estos regalos o aportando dinero a la cuenta que está en la página del Club. Lo ideal es que los regalos sean entre 3.000 y 4.000 pesos. La única motivación es poder entregarles a estos niños una navidad bonita como la que sueñan todos.
Por eso invito a todos los que vienen para acá para que nos ayuden en esta hermosa campaña, avisando a sus conocidos también.
Si tiene regalos que quieran entregar, sólo avísenme al correo que sale en mi perfil o a través de un post acá, que yo los puedo ir a retirar sin ningún problema. Ojalá muchos se motiven con esto y se pongan las pilas pronto, pues debemos contar con los regalos antes de la navidad obviamente.
No olviden que son niños como los que tenemos en nuestras familias y que se merecen una navidad bonita como la que todos deseamos para nuestros hijos.
Es demasiado fácil colaborar y la recompensa es inmensa.
Pd: Gracias a mis amigos Andrés, Tania y Julio, que ya se comprometieron con sus regalitos!
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martes, 4 de septiembre de 2007
Tortuga Acuática (2ª parte)
La tortuga de mi amigo ya tiene nombre. Tras rechazar rotundamente la idea de sus amigos que se la regalaron de ponerle “Carita” -porque la gracia costó ídem- se decidió por algo un poco más místico: Ahora la criatura se llama MAYA.
Hoy él me cuenta que estaba muerto de sueño y con las piernas adoloridas. Como yo no soy mal pensada, me imaginé que era por hacer ejercicios en la súper bicicleta que se compró, pero nones. ¡Quedó molido después de cambiarle el agua a su hija!
Después de reírme y acusarlo de exagerado me relató: “El acuario pesa 4 kilos, la gravilla otros 4 más, más la roca que pesa 2 kilos y 6 litros de agua… Calcula! Calcula! Y estaba limpiándola en la tina!” (Jajaja!)
Yo todavía no conozco a la hija putativa de mi amigo, que a mi entender es casi como mi sobrina, y como la pobre no tiene ni voz ni voto –y su padre me confesó que la obliga a tirarse piqueros desde la roca- me vi en la obligación de pedir mejores condiciones para la criatura.
Entonces le exigí que le pusiera plantas, así como para crearle un ecosistema. Me dijo que no, porque las plantas naturales se pudren y las plásticas se las puede comer y morir. Y yo dale que cómo se las va a comer si no tiene dientes y él dale que sí porque Maya, pese a ser muy precoz ya muerde, sino hubiese muerto asfixiada con los pelets.
Le propuse entonces que le buscara una foto de una tortuga mamá y se la pusiera en uno de los costados del acuario, porque me tinca que la pobre debe sentirse muy sola entre pura gravilla y esquivando una roca todo el día, pero me respondió que se vería muy ordinario poner una gigantografía así como al natural.
Por último, que si yo quería un ecosistema para la criatura acuática, podía ponerle también un cocodrilo al acuario, así como para que “se viera más real” y la pobre Maya jugara a “salvarse la vida” y ahí me espanté: mi amigo es un padre desnaturalizado!
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Hoy él me cuenta que estaba muerto de sueño y con las piernas adoloridas. Como yo no soy mal pensada, me imaginé que era por hacer ejercicios en la súper bicicleta que se compró, pero nones. ¡Quedó molido después de cambiarle el agua a su hija!
Después de reírme y acusarlo de exagerado me relató: “El acuario pesa 4 kilos, la gravilla otros 4 más, más la roca que pesa 2 kilos y 6 litros de agua… Calcula! Calcula! Y estaba limpiándola en la tina!” (Jajaja!)
Yo todavía no conozco a la hija putativa de mi amigo, que a mi entender es casi como mi sobrina, y como la pobre no tiene ni voz ni voto –y su padre me confesó que la obliga a tirarse piqueros desde la roca- me vi en la obligación de pedir mejores condiciones para la criatura.
Entonces le exigí que le pusiera plantas, así como para crearle un ecosistema. Me dijo que no, porque las plantas naturales se pudren y las plásticas se las puede comer y morir. Y yo dale que cómo se las va a comer si no tiene dientes y él dale que sí porque Maya, pese a ser muy precoz ya muerde, sino hubiese muerto asfixiada con los pelets.
Le propuse entonces que le buscara una foto de una tortuga mamá y se la pusiera en uno de los costados del acuario, porque me tinca que la pobre debe sentirse muy sola entre pura gravilla y esquivando una roca todo el día, pero me respondió que se vería muy ordinario poner una gigantografía así como al natural.
Por último, que si yo quería un ecosistema para la criatura acuática, podía ponerle también un cocodrilo al acuario, así como para que “se viera más real” y la pobre Maya jugara a “salvarse la vida” y ahí me espanté: mi amigo es un padre desnaturalizado!
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viernes, 24 de agosto de 2007
¿Es para Mí? (ouch!)
Desde chiquita me dijeron que era una falta de respeto decir que no me gustaba algo que me regalaran. O sea, filo con el pijama que te regaló la abuela que es digno de una contemporánea suya, ni hablar de los juegos de plumas que ni puedo ocupar porque me mancho entera que me regala un tío y así, miles de cosas. Lo importante era agradecer el regalo y si después no había caso que me gustara, lo cambiara.
Ojo, ¡no es que sea malagradecida! De hecho los mejores regalos han sido los que me han hecho mis amigos con sus propias manitos, pero hay cosas que no podría ocupar aunque quisiera…
Y como yo soy muy gestual para mis cosas, aunque trate de hacerlas de niña bien, se me nota al tiro cuando algo no me gusta. De hecho mi mueca anda por ahí no más con la que hago cuando mami me insiste en que prueba cosas de comida -que yo sé que no me van a gustar, pero me obliga igual porque me dice que no puedo decir que no me van a gustar si no las he probado nunca- diálogo que siempre termina por lo demás con mi nariz arriscada, un “mañosa!” por parte de ella y un “selectiva!” por parte mía.
En fin, la cosa es que me acordé de esto de los regalos poco deseados porque ayer me dio un ataque múltiple de risa cuando me enteré del último regalo de mi amigo: ¡Una tortuga de agua! Y a mí me encantan las mascotas pero a él no lo vuelven loco, y debo coincidir en que las encuentro re fomes porque andan por ahí no más con los peces, o sea, no los puedes sacar para hacerles cariño (se muere!), no te hacen gracias, no te reconocen cuando les hablas y ni siquiera pueden dormir contigo: en resumen ¡para qué quieres una mascota si no pueden hacer eso!
Y los amigos que llegaron con el regalo, más encima, orgullosos como ellos solos porque evitando comprar el típico obsequio –una botella de ron- habían optado por darle mejor vida a un animalito acuático destinado a vivir en un petshop. O sea, GreenPeace es una alpargata al lado de estos niños.
Hasta el momento el famoso regalo ha resultado un cacho. Al primer día ya había gastado 15 lucas para el termostato de la famosa criatura –no se fuera a pasar de frío-, y para peor, le cuentan que la maravilla acuática crece como 5 veces más del tamaño que ya tiene, lo que significa que la próxima inversión será doblemente onerosa para ajustarse al tamaño “adulto”, ajajaaj. Ni hablar de lo “feliz” que anda porque acaba de enterarse que hoy tiene que gastar 5 lucas más por una rejita.
Pese a todos mis intentos aún no le pone nombre –fundamental para tener una mascota creo yo- aunque a medida que pasa el tiempo las cosas están mejor. De hecho me admitió que la famosa tortuga hasta se veía bonita nadando y que al final, era como un hijo no deseado que estaba obligado a amar no más.
Y yo, estoy esperando que llegue su cumpleaños pronto, porque con tal de ver su cara, ahora estoy pensando en regalarle un canario!
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Ojo, ¡no es que sea malagradecida! De hecho los mejores regalos han sido los que me han hecho mis amigos con sus propias manitos, pero hay cosas que no podría ocupar aunque quisiera…
Y como yo soy muy gestual para mis cosas, aunque trate de hacerlas de niña bien, se me nota al tiro cuando algo no me gusta. De hecho mi mueca anda por ahí no más con la que hago cuando mami me insiste en que prueba cosas de comida -que yo sé que no me van a gustar, pero me obliga igual porque me dice que no puedo decir que no me van a gustar si no las he probado nunca- diálogo que siempre termina por lo demás con mi nariz arriscada, un “mañosa!” por parte de ella y un “selectiva!” por parte mía.
En fin, la cosa es que me acordé de esto de los regalos poco deseados porque ayer me dio un ataque múltiple de risa cuando me enteré del último regalo de mi amigo: ¡Una tortuga de agua! Y a mí me encantan las mascotas pero a él no lo vuelven loco, y debo coincidir en que las encuentro re fomes porque andan por ahí no más con los peces, o sea, no los puedes sacar para hacerles cariño (se muere!), no te hacen gracias, no te reconocen cuando les hablas y ni siquiera pueden dormir contigo: en resumen ¡para qué quieres una mascota si no pueden hacer eso!
Y los amigos que llegaron con el regalo, más encima, orgullosos como ellos solos porque evitando comprar el típico obsequio –una botella de ron- habían optado por darle mejor vida a un animalito acuático destinado a vivir en un petshop. O sea, GreenPeace es una alpargata al lado de estos niños.
Hasta el momento el famoso regalo ha resultado un cacho. Al primer día ya había gastado 15 lucas para el termostato de la famosa criatura –no se fuera a pasar de frío-, y para peor, le cuentan que la maravilla acuática crece como 5 veces más del tamaño que ya tiene, lo que significa que la próxima inversión será doblemente onerosa para ajustarse al tamaño “adulto”, ajajaaj. Ni hablar de lo “feliz” que anda porque acaba de enterarse que hoy tiene que gastar 5 lucas más por una rejita.
Pese a todos mis intentos aún no le pone nombre –fundamental para tener una mascota creo yo- aunque a medida que pasa el tiempo las cosas están mejor. De hecho me admitió que la famosa tortuga hasta se veía bonita nadando y que al final, era como un hijo no deseado que estaba obligado a amar no más.
Y yo, estoy esperando que llegue su cumpleaños pronto, porque con tal de ver su cara, ahora estoy pensando en regalarle un canario!
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lunes, 6 de agosto de 2007
Yo No Vengo a Vender!!!
Lo admito, yo siempre he sido consumista de las súper ofertas y pertenezco a ese público fiel de los info-comerciales. Son de lo más fomes que hay y ni siquiera yo creo que ese shampoo tenga el don de hacer salir más cabello, pero igual se lo quiero comprar a mi papá. Por si acaso.
De hecho ni siquiera estoy muy convencida de que esa súper aspiradora que no se conecta a la corriente sea capaz de recoger hasta agua del piso, pero apenas tenga una excusa lo suficientemente buena, voy a persuadir a mi mamá de que llamemos a México para encargarla. Y tampoco sé dónde ocuparía esa mágica ampolleta indestructible y sin cableado que se pega en cualquier pared, pero la quiero, la encuentro súper necesaria! Y le voy a pedir a mi abuelo que imite ese mueble donde se pueden guardar hasta 12 pares de zapatos en un espacio mínimo! Ése si es el mejor invento…
Pero los que me matan, son los vendedores de la micro.
Con la frase “yo no vengo a vender, vengo a regalar” ya me pongo tiritona, porque sé que se viene una buena oferta. Cuando los sacan de sus envases y se ven los productos brillantes, yo trato de no mirarlos porque en verdad, me debo ver como devota ante la virgen. Si dicen “este producto no lo encuentran en cualquier bazar” yo ya lo deseo porque significa que es difícil de conseguir y sobre todo, que yo no lo voy a poder conseguir en otra parte, y si hay algo que odio es que me digan que yo no puedo algo.
Pero definitivamente es la frase “Pero para que sea una real oferta, no se lleva sólo uno, ni dos, sino que TRES por el PRECIO DE UNO…”
Ahí, de frentón, ya cagué; estoy con la mano en alto y sacudiéndola casi como que se me fuera a pasar el tren. Y si el vendedor en cuestión se demora o pasa con otro pasajero primero, me preocupo de hacer contacto visual con él de inmediato, no vaya a ser que se baje o se le acaben antes de darme el mío.
Bah! La gente debe creer que soy el “Palo blanco” de la micro.
Producto de esta devoción enfermiza, en que la palabra “oferta” me deja un poco lela y que estoy convencida que eso de subirte justo a la micro –ninguna otra- donde justo se subió el vendedor con ese producto –único en su especie- que siempre quisiste, casi responde a un mandamiento divino donde veo que el cielo se abre un poco y alguien de allá arriba me iluminara y me dijera “sí hija, éste es tú momento”, entonces obviamente yo no puedo decir que no, es que tengo lo que mi mamá denomina la “colección de tonteras de la micro”.
Porque he llegado a casa con numerosos cepillos de dientes de distintos colores, que admito son bien malos, con suerte duran un par de días pero como tengo tantos y la mayoría se doblan porque son ideales para viajar, no importa. Tengo también una herramienta especial para cortar vidrio para cuando me decida a ser artista y haga un “collage” con vidrios de colores. Me compré un blanqueador de dientes que viene con una instrucción en chino, así que todavía no me atrevo a probarlo. También una colección de plumas con recargas que está intacto sobre mi escritorio, porque se ven muy bonitos así. Compré el juego de 12 lápices pasta de colores, de los cuales sólo 2 sirven, pero estaban tan baratos y venían tantos que no pude evitarlo. Una vez compré tres reglas al precio de una, así como que había olvidado que no las ocupo desde el colegio. Y una corchetera chiquita con corchetes también chiquitos, que me encanta porque la traigo siempre en mi cartera y sé que algún día me sacará de apuros. Tengo también un set de herramientas del buen dueño de casa, que pretendo ocupar cuando me vaya a vivir sola (escúchanos señor…). Ah! Y tengo un desatornillador que además de sacar obvio, tornillos, mide la corriente de un enchufe. Ése si que no sé cuándo lo voy a ocupar.
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De hecho ni siquiera estoy muy convencida de que esa súper aspiradora que no se conecta a la corriente sea capaz de recoger hasta agua del piso, pero apenas tenga una excusa lo suficientemente buena, voy a persuadir a mi mamá de que llamemos a México para encargarla. Y tampoco sé dónde ocuparía esa mágica ampolleta indestructible y sin cableado que se pega en cualquier pared, pero la quiero, la encuentro súper necesaria! Y le voy a pedir a mi abuelo que imite ese mueble donde se pueden guardar hasta 12 pares de zapatos en un espacio mínimo! Ése si es el mejor invento…
Pero los que me matan, son los vendedores de la micro.
Con la frase “yo no vengo a vender, vengo a regalar” ya me pongo tiritona, porque sé que se viene una buena oferta. Cuando los sacan de sus envases y se ven los productos brillantes, yo trato de no mirarlos porque en verdad, me debo ver como devota ante la virgen. Si dicen “este producto no lo encuentran en cualquier bazar” yo ya lo deseo porque significa que es difícil de conseguir y sobre todo, que yo no lo voy a poder conseguir en otra parte, y si hay algo que odio es que me digan que yo no puedo algo.
Pero definitivamente es la frase “Pero para que sea una real oferta, no se lleva sólo uno, ni dos, sino que TRES por el PRECIO DE UNO…”
Ahí, de frentón, ya cagué; estoy con la mano en alto y sacudiéndola casi como que se me fuera a pasar el tren. Y si el vendedor en cuestión se demora o pasa con otro pasajero primero, me preocupo de hacer contacto visual con él de inmediato, no vaya a ser que se baje o se le acaben antes de darme el mío.
Bah! La gente debe creer que soy el “Palo blanco” de la micro.
Producto de esta devoción enfermiza, en que la palabra “oferta” me deja un poco lela y que estoy convencida que eso de subirte justo a la micro –ninguna otra- donde justo se subió el vendedor con ese producto –único en su especie- que siempre quisiste, casi responde a un mandamiento divino donde veo que el cielo se abre un poco y alguien de allá arriba me iluminara y me dijera “sí hija, éste es tú momento”, entonces obviamente yo no puedo decir que no, es que tengo lo que mi mamá denomina la “colección de tonteras de la micro”.
Porque he llegado a casa con numerosos cepillos de dientes de distintos colores, que admito son bien malos, con suerte duran un par de días pero como tengo tantos y la mayoría se doblan porque son ideales para viajar, no importa. Tengo también una herramienta especial para cortar vidrio para cuando me decida a ser artista y haga un “collage” con vidrios de colores. Me compré un blanqueador de dientes que viene con una instrucción en chino, así que todavía no me atrevo a probarlo. También una colección de plumas con recargas que está intacto sobre mi escritorio, porque se ven muy bonitos así. Compré el juego de 12 lápices pasta de colores, de los cuales sólo 2 sirven, pero estaban tan baratos y venían tantos que no pude evitarlo. Una vez compré tres reglas al precio de una, así como que había olvidado que no las ocupo desde el colegio. Y una corchetera chiquita con corchetes también chiquitos, que me encanta porque la traigo siempre en mi cartera y sé que algún día me sacará de apuros. Tengo también un set de herramientas del buen dueño de casa, que pretendo ocupar cuando me vaya a vivir sola (escúchanos señor…). Ah! Y tengo un desatornillador que además de sacar obvio, tornillos, mide la corriente de un enchufe. Ése si que no sé cuándo lo voy a ocupar.
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